El papa Francisco lanzó un desafío a más de 350 mil católicos de unos 180 países del mundo y les aseguró que la humanidad necesita jóvenes que “no quieran vivir a medias”, sino que se entreguen a los demás por completo, convirtiéndose en “sembradores de esperanza”.
Francisco presidió un Vía Crucis monumental en el Parque Jordán de la explanada Blonia, en el corazón de Cracovia, uno de los actos centrales de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).
Al finalizar el acto tomó la palabra y habló de los males del mundo, del hambre y la sed, de la falta de hogar, de los seres humanos obligados a huir para buscar refugio, de las personas inocentes que mueren a causa de la violencia, el terrorismo y las guerras.
Sostuvo que Dios está en el sufrimiento y junto a quienes sufren necesidad porque cuando Jesús murió en la cruz, abrazó la desnudez y el hambre, la sed y la soledad, el dolor y la muerte de los hombres y mujeres de todos los tiempos.
A los jóvenes, el papa los invitó a ser protagonistas de una vida de servicio, dando una respuesta concreta a las necesidades y sufrimientos de la humanidad; un signo de su amor misericordioso para la época actual.
Aseguró que esa “vía del compromiso personal” y del “sacrificio de uno mismo” es la “vía de la cruz”, un camino de felicidad en medio de las “circunstancias dramáticas de la vida cotidiana”.
“Hoy la humanidad necesita hombres y mujeres, y en especial jóvenes como vosotros que no quieran vivir sus vidas a medias, jóvenes dispuestos a entregar sus vidas para servir generosamente a los hermanos más pobres y débiles”, apuntó.












