Mariel es una migrante mexicana que fue secuestrada en Tijuana y enviada a una casa de seguridad en la zona de Otay, junto a otras mujeres.
Mariel fue trasladada a una casa de dos pisos, color salmón. La recibió una señora que se encargaba de hacer las llamadas telefónicas. Varios hombres armados la cuidaban a ella y a otras mujeres, algunas incluso con niños.
Le arrebataron su celular para comenzar con las negociaciones. Pedían a su familia, que vive en Estados Unidos, ocho mil dólares para dejarla en libertad, pero tardaron en juntarlos. Sus captores, desesperados, le tomaron una muestra de sangre, como lo hicieron con otras mujeres, recuerda Mariel.
Cuando la familia al fin logró juntar el dinero, las instrucciones eran depositarlo en una cuenta, en pequeñas cantidades y a nombre de diferentes personas. Tras cinco días en custodia, Mariel fue liberada.
Aunque quisieron denunciar, la fiscalía se negó a aceptar su declaración; solo una de ellas pudo lograrlo, acompañada por personal de Derechos Humanos, sin embargo, el fiscal no reconoció el secuestro y registró el caso como extorsión.











