Sin mochila y útiles, irán a la escuela

La falta de dinero hace que Clara y Julio no sepan de dónde sacarán para comprar los materiales que necesitan para el inicio de clases. El Universal
La falta de dinero hace que Clara y Julio no sepan de dónde sacarán para comprar los materiales que necesitan para el inicio de clases. El Universal

Un plato en la mesa con una tortilla dura y salsa es lo que Clara ofrece a dos de sus cuatro hijos esta mañana. Faltan unas horas para que Mary y Tere regresen a la escuela, esta vez a tercero y a quinto grado. El siete de calificación, a pesar de las faltas acumuladas en el ciclo anterior, no fue obstáculo para que ambas niñas pasaran de año. La familia Rojas Zavala prepara aguja e hilos para remendar las faldas, suéteres y recolectar las hojas blancas que quedaron en los cuadernos para el regreso a clases, al igual que lo harán más de 25.6 millones de niños y jóvenes de preescolar, primaria y secundaria.

En esta, la Manzana 32 de la comunidad conocida como Las Vías, localizada en las inmediaciones de los municipios de Chimalhuacán y Nezahualcóyotl, en el Estado de México, en medio de un telar de cables de luz que han ido poniendo los habitantes para poder iluminar sus casas. Son dos los cuartos armados en donde habitan los diez miembros de la familia Rojas Zavala. Todos comparten una letrina y cocinan con leña sobre una estructura de tabiques encimados en el patio; el agua que usan la compran a una pipa.

Tres perros callejeros y un enjambre de moscas negras entran y salen de la casa como si fuera suya; los separa del exterior una cerca de maderos desiguales que no bloquea el olor del agua verdosa y estancada, el lodazal que dejaron las lluvias, y la basura que se acumula en una calle sin empedrado ni pavimento.

Un año después de que El Universal los visitó para conocer cómo se preparaban para el inicio de clases, Clara Zavala, de 40 años de edad, está en medio del cuarto que hace las veces de sala, comedor, cocina, cuarto de estudio y de recámara para cinco niños y dos adultos. El otro cuarto es para la hija de su pareja y el nieto.

La familia Rojas Zavala está formada por los ocho hijos y la pareja que forman Clara Zavala y Julio Rojas. Además de un nieto y el yerno. En total, 12 personas. Los dos hijos mayores no viven con ellos, uno decidió dejar ese lugar e ir a Chiapas y uno más no soportó ese ambiente y se fue.

Hasta hace un par de años, Adela encabezaba al “clan” Rojas Zavala en un sólo cuarto, pero un día debió revelar que estaba embarazada. Tuvieron que improvisar un cuarto trasero para que la nueva pareja viva ahí con su hijo y en espera de un nuevo integrante. Adela, a sus 16 años, se volvió a embarazar.

En medio de eso, Mary y Tere no muestran el mismo entusiasmo que el año pasado por el inicio de clases.

Clara, la mamá, ha ido remendado las faldas del uniforme de Mary y Tere; descoloridas, las adapta a la nueva talla de sus hijas, las únicas que continuarán en la escuela.

La prenda guinda tiene manchas blancas, se ha decolorado y deshilachado con el uso y al paso de los meses, también se ha descosido, pero sirve y Mary la utilizará un año más. Teresa de Jesús, de 12 años, dio el estirón y su ropa no le queda: hay que agregar tela en la cintura y en la bastilla de la falda para que no le quede “rabona”; comprarle una blusa blanca, otro suéter, zapatos y tenis, porque estos la lastiman y, aunque lo ha intentado, no puede caminar con ellos.

Un año después, la falta de dinero hace que Clara y Julio no sepan de dónde sacarán para comprar los materiales que necesitan para el inicio de clases. Por eso buscan entre lo del año pasado, para que este próximo puedan llegar a tiempo a la primaria Gustavo Baz.

Tere, de 12 años y quien ingresará a quinto grado, dice estar bien “porque estando con mi familia, me siento a gusto. Mal, porque hemos tenido muchas dificultades, no tenemos dinero ni muchas cosas. No tenemos nada”.