Soberanía y modernización del campo

Soberanía y modernización del campo

¿En cuánto está el kilo de tortilla? Era diciembre del 2011 y esta pregunta puso en aprietos a más de un precandidato presidencial. El peor respondió que no sabía porque no era “la señora de la casa” y su frase quedó como retrato de una distancia que nunca deberíamos aceptar entre gobernar México y conocer lo que nos cuesta vivir en él.

Desde otra dimensión, una más econométrica y especializada, se sabe que tan solo en 2025 se produjo 27.8 millones de toneladas de maíz, trigo, frijol y arroz, y se importa 31.9 millones. Es decir, por cada 100 kilos cosechados aquí, se compra aproximadamente 115 en el extranjero, considerando los cuatro granos en conjunto.

Importar permite completar el abasto y aprovechar precios favorables. La pregunta es ¿cuánto se está dispuesto a depender de esa solución y qué hacer mientras tanto para fortalecer la producción?

La presidenta Claudia Sheinbaum ha hecho de la soberanía alimentaria una prioridad, con iniciativas como “Cosechando Soberanía”.

El crédito debe llegar cuando hace falta sembrar; la asistencia técnica, cuando todavía se puede prevenir una pérdida; el pago, cuando se necesita sostener a la familia.

Entusiasman los trenes, las nuevas industrias y las posibilidades de la tecnología. Esa misma ambición tiene que alcanzar al campo, con soluciones que se puedan utilizar y pagar.

Desde las ciudades se debe comprender que pagar poco por la comida y pagar mal por una cosecha pueden terminar saliendo caro a todos, pues entre ambos precios hay transporte, transformación, energía y márgenes comerciales que merecen revisión.

Cuando una cosecha deja ingreso, se pagan jornales, se reparan máquinas y se compra en los comercios del pueblo. Cuando acumula pérdidas, se reducen esas oportunidades y se tiene que buscar trabajo lejos.

Quien aspira a gobernar debe conocer no solo en cuánto está el kilo de tortilla, sino entender el esfuerzo que se hace para pagarlo. También debe preguntarse cuánto recibió quien produjo el maíz; pues entre esas dos cuentas se tiene una tarea política que ya no admite indiferencia: conseguir que comer bien sea accesible y que producir la comida permita vivir dignamente. Ahí se pondrá a prueba la soberanía y el sentido de la modernización que se quiere para México.