Honduras, que afianzó en el siglo XXI su cuestionada fama como pista de aviación, base marítima y pasadizo terrestre de los cárteles mexicanos para traficar drogas de América del Sur a México y Estados Unidos en alianza a poderosos sectores políticos hondureños, elegirá hoy a un presidente, 128 diputados, 596 alcaldes y vicealcaldes, 2 mil 92 regidores y 20 parlamentarios centroamericanos.
Tras consolidar en la segunda mitad del siglo XX la imagen de portaaviones “yanki” con derecho a voto en las organizaciones de Estados Americanos y de Naciones Unidas, por ser dócil a EU en la guerra fría entre Washington y Moscú, Honduras sufrió un acelerado involucramiento de sectores de su clase política en el narcotráfico.
En el escenario electoral sobrevuela la sombra del crimen organizado y de la corrupción política, con el 60 % de los 9.5 millones de hondureños postrados en la miseria, con datos oficiales de 13.7 % de sus habitantes o 1.3 millones de hondureños malnutridos y sacudidos por la violencia criminal.
Con masivos bloques de la población sometida al dilema de migrar sin visa y a la fuerza a suelo estadounidense, en un riesgoso viaje por territorio mexicano, para huir de los mareros o pandilleros y otras temibles redes delincuenciales, Honduras inquieta a EU y de México por su mezcla migratoria, criminal, pobreza y fragilidad institucional.
“Es un cóctel explosivo, la mecha está ardiendo y es corta”, describió el abogado hondureño Víctor Meza, director del (no estatal) Centro de Documentación de Honduras, el más antiguo foro de análisis político y socioeconómico de ese país.
“El crimen organizado creció de tal manera que prácticamente sometió a una lenta evaporación a las instituciones estatales en zonas de estratégico valor de Honduras, como las transfronterizas. Y se aprovechó de otro problema que tiene Honduras: su debilidad institucional”, relató.
Al narrar que Honduras “es prisionero de su propia geografía”, con límites terrestres con tres países “muy conflictivos” —Guatemala, El Salvador y Nicaragua— y marítimos con nueve en el océano Pacífico y el mar Caribe, subrayó que, por su situación geopolítica, “está expuesto a múltiples manifestaciones” criminales.
En una contienda con tres candidatos presidenciales favoritos de una oferta de izquierda a derecha, 5 millones 182 mil 436 hondureños integran el padrón electoral en 5 mil 755 centros de votación y 18 mil 293 juntas receptoras de sufragios, con 20 en Estados Unidos y Centroamérica.
La pelea final se dirimirá entre el derechista Nasry Asfura, del gobernante Partido Nacional (PN), el centro-derechista Yani Rosenthal, del Partido Liberal (PL), y la centro-izquierdista Xiomara Castro, del Partido Libertad y Refundación (Libre).
Al Partido Nacional y a Rosenthal les cayeron en 2015 cargos por narcoactividad con el Cártel de Sinaloa, uno de los más poderosos de México, como pieza crucial de la penetración política en Honduras. El narcotraficante mexicano Joaquín “El Chapo” Guzmán, preso en EU y condenado en 2019 a cadena perpetua y 50 años, fue crucial en la infiltración.
Reto
El presidente de EU, Joe Biden, envió esta semana a un emisario de alto rango de Washington a Honduras a avalar el proceso, pero quedará este domingo ante un desafío a su credibilidad política por el legado de su predecesor Donald Trump.
En los comicios presidenciales de noviembre de 2017, con sólo 10 meses en la Casa Blanca y pese a las reiteradas denuncias de fraude y de que la reelección fue inconstitucional, Trump aceptó la victoria de Hernández como gobernante derechista que le prometió contener la migración irregular de Honduras a EU.
Pero en mayo de 2018, frente a conflictos similares por la cuestionada reelección del izquierdista Nicolás Maduro como presidente de Venezuela, Trump la desconoció por ilegítima.
Así, otras famas resurgen en las citas hondureñas con el sufragio, como las de “república bananera”, “narco-Estado” o “elecciones estilo Honduras”.












