Tambores de guerra y turismo

Tambores de guerra y turismo

Luego del inicio de una anunciada invasión militar a Ucrania por parte de Rusia, una vez más y, desafortunadamente, como parece una rutina, el turismo internacional es puesto a prueba, cuando no acaba de salir de la prueba más difícil que ha enfrentado en la historia reciente.

¿De qué tamaño puede ser la afectación? No parece fácil aventurar una respuesta, en virtud de que las opciones en torno a la evolución del conflicto son de alta incertidumbre. Muchas voces (analistas de mercado incluidos) apuntan a un desenlace de corto plazo, en que Ucrania debería rendirse ante la desproporción de fuerzas de las partes en conflicto y la escasa probabilidad de recibir ayuda militar de Occidente, a fin de evitar mayores daños a la población civil; en esta opción se anticipa la designación (que no elección democrática) de un gobierno afín a Moscú. Pero, incluso en este escenario, es previsible que el turismo se vea afectado, toda vez que las acciones derivadas del calentamiento de la guerra fría inciden en ángulos que afectan los viajes y el turismo.

Tan sólo por enunciar efectos posibles, se debería anticipar una escalada de los precios de los energéticos, que no sólo afectarían el costo de los boletos aéreos, sino también las de por sí endebles finanzas de empresas del sector que, en algunos de los negocios (la hotelería, por ejemplo), tienen una elevada composición de sus costos en este rubro. Estas mayores presiones tratarían de ser compensadas trasladando esos costos, en la medida de lo posible, a los mercados, a través de aumentos en las tarifas.

En este juego absurdo de vencidas, no debería descartarse la posibilidad de que Rusia decidiera cerrar su espacio aéreo a las empresas extranjeras, lo que sería un duro golpe a la reactivación turística de Asia, que es la región más golpeada por la pandemia.

La importancia de Rusia y Ucrania como proveedores energéticos y de materiales indispensables para las cadenas productivas relacionadas con la tecnología, previsiblemente, supondrían combustible adicional para las presiones inflacionarias que han estado latentes en el mundo en los meses recientes.

Hay total certeza de que la decisión del gobierno mexicano de condenar la invasión es correcta y se debe aplaudir, incluso si esto supusiera perder acceso al mercado turístico ruso, como una no descartable represalia.

El mejor año en la historia –2013–, el país recibió un poco más de 100 mil turistas residentes en dicho país, flujo que decreció en los años sucesivos, producto de las dificultades económicas rusas, aunque en 2021, con todo y pandemia, se observó una recuperación a niveles de dos terceras partes del volumen histórico; alrededor de 90% del total de estos visitantes ingresan por el aeropuerto de Cancún y, ciertamente, tienen un gasto medio muy por arriba de otros mercados.

Por lo que hace a Ucrania, el volumen de visitantes es más bien modesto, aunque, paradójicamente, el mejor año fue 2021, cuando se recibió a un poco más de 20 mil residentes de ese país.

Por eso, la sola posibilidad de pensar en otros escenarios en los que el conflicto escalará en su dimensión bélica e incorpore otros países, prolongaría indefinidamente la recuperación del turismo a los niveles previos a la pandemia.