En San Pedro Nodón, localidad mixteca de Oaxaca, la elaboración de sombreros de palma es más que una bella artesanía tradicional que sus pobladores han heredado de sus padres y ellos, a su vez, de sus antecesores. Se trata de un asunto de sobrevivencia, a la que le dedican la mayor parte de su tiempo los casi 350 habitantes, incluidos niños.
El tejido de la palma con la que elaboran mayormente sombreros y algunos tenates es su principal actividad económica, aunque también tienen tierras para la siembra de temporal de maíz, frijol y trigo para el autoconsumo.
Durante la mañana es común ver a los hombres tejiendo, incluso cuando hablan o caminan.
“Aprendí a tejer palma como a los 12 años. Los hombres, que somos más de dura cabeza, nos dedicamos con nuestros padres al monte, pero las mujeres, como están con la mamá, comienzan desde los siete u ocho años”, explica Catarino Sánchez.
La elaboración de sombreros es la principal actividad económica de San Pedro Nodón, aunque una gran parte de sus habitantes han migrado en busca de trabajo.
Cada sombrero terminado tiene un valor de seis pesos y para la adquisición de alimentos recurren al trueque con los intermediarios: para un kilo de frijol lo intercambian por tres sombreros; un kilo de tomate por dos sombreros; una bolsa de sopa por uno; un kilo de azúcar por tres, y un kilo de lentejas por cuatro sombreros.
San Pedro Nodón es una agencia municipal de San Juan Bautista Cuicatlán, municipio de la región Cañada de Oaxaca.
Vegetación natural
El agente municipal, Raúl Hernández Gaytán, detalla que el aprovechamiento de la palma es comunal. Sin embargo, para evitar que se agoten, establecieron un periodo de veda: no se puede cortar cuando es “luna tierna” -inicio de la fase de la luna creciente-, que es un lapso de unos 15 días, para que la palma no deje de salir.
Comenta que la siembra de maíz, frijol y trigo es la segunda actividad económica de San Pedro Nodón, pero solo cuando llueve.
Catarino Sánchez es de la clase 53 -forma en que refieren su año de nacimiento-, tiene seis hijos, de los cuales cinco migraron a la Ciudad de México.
Por último, relata que cuando era joven también viajó a la capital del país, pero regresó porque lo abrumó el tráfico y los maleantes. “Aquí, en cambio, es difícil la vida, pero no imposible”.












