Cada derecho laboral lleva la huella de una disputa por la dignidad. La jornada máxima, el descanso semanal, el salario mínimo, la indemnización y la libertad sindical fueron conquistas de generaciones que se organizaron para poner límites al poder económico.
El próximo 28 de agosto se cumplen 95 años de la publicación de la primera Ley Federal del Trabajo; y la efeméride llega cuando México vuelve a transformar una dimensión esencial de su pacto laboral: el tiempo de la vida que se dedica al trabajo.
La Constitución de 1917 dio el paso decisivo al reconocer, en el artículo 123, que la relación entre quien trabaja y quien dispone del capital ocurre dentro de una desigualdad real de poder.
El Estado asumió entonces la responsabilidad de establecer límites, garantizar derechos y proteger a la parte trabajadora. Luego, la Ley Federal del Trabajo del 28 de agosto de 1931 convirtió ese mandato en una arquitectura nacional.
95 años después, esa historia continúa. La reforma al artículo 123 constitucional, publicada el 3 de marzo de 2026, establece la jornada laboral de 40 horas semanales y la legislación secundaria fija una transición gradual: 48 horas durante 2026, 46 en 2027, 44 en 2028, 42 en 2029 y 40 en 2030.
De acuerdo con la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, a partir de datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, 64 % de las personas trabajadoras todavía labora más de 40 horas semanales; 41 % trabaja entre 41 y 48 horas, y 13 % entre 49 y 57 horas. Detrás de esos porcentajes hay millones de vidas organizadas alrededor de jornadas extensas.
Por eso, la historia de los derechos laborales también puede leerse como la historia de la recuperación del tiempo propio. Permite cuidar, aprender, convivir, descansar, hacer ejercicio, participar en la comunidad y construir proyectos personales. Una sociedad democrática necesita ciudadanas y ciudadanos con tiempo para vivir y participar en los asuntos colectivos.
En 1931 se construyó instituciones para proteger a quienes levantaban el México industrial del siglo XX. En 2026 se está renovando ese pacto para responder a una sociedad marcada por los cuidados, los largos traslados, las nuevas tecnologías y el derecho a una vida digna.
Cada hora recuperada expresa el sentido profundo de la transformación: el desarrollo encuentra su razón de ser cuando la prosperidad se convierte en tiempo, salud, convivencia y libertad para el pueblo.












