El papa Francisco advirtió ayer a un grupo de estudiantes que el título universitario no es sinónimo de un mayor estatus, dinero y prestigio social, sino un signo de más responsabilidad ante los problemas de hoy, como la pobreza y el cuidado del medio ambiente.
En un encuentro con el “mundo de la escuela y de la universidad”, en la sede de la Pontificia Universidad Católica de Ecuador, Francisco criticó el actual modelo tecnocrático que impone como progreso el poder económico y tecnológico.
Urgió a los jóvenes y a sus profesores a animarse a pensar, a buscar y a discutir la situación actual de la humanidad.
“Con ustedes, queridos jóvenes, presente y futuro de Ecuador, semilla de transformación de esta sociedad, quisiera preguntarme: ¿saben que este tiempo de estudio no es solo un derecho, sino un privilegio que tienen?”, cuestionó.
“¿Cuántos amigos, conocidos o desconocidos, quisieran tener un espacio en esta casa y por distintas circunstancias no lo han tenido? En qué medida nuestro estudio, nos ayuda a solidarizarnos con ellos”, agregó.
Aseguró que las comunidades educativas tienen el “papel fundamental” de construir la ciudadanía y la cultura, pero advirtió que no basta realizar análisis y descripciones de la realidad, se necesita crear ámbitos de búsqueda de alternativas a los problemas de hoy.
Constató que el ser humano está obligado a cambiar este modelo, como una exigencia por el daño provocado a la naturaleza a causa “del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesta en la tierra”.
“Hemos crecido pensado tan solo que debíamos cultivar, que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados quizás a expoliarla (...) por eso entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra”, señaló.
“Hay algo que es claro, no podemos seguir dándole la espalda a nuestra realidad, a nuestros hermanos, a nuestra madre la tierra. No nos es lícito ignorar lo que está sucediendo a nuestro alrededor como si determinadas situaciones no existiesen o no tuvieran nada que ver con nuestra realidad”, apuntó.
Como en la mayoría de sus discursos pronunciados en los tres días que lleva su visita apostólica a Ecuador, Jorge Mario Bergoglio improvisó varias veces y desató en numerosas ocasiones el aplauso de la multitud.












