Todo está listo a orillas del lago Lemán, entre Ginebra y Evian-les-Bains, para un G7 marcado por múltiples tensiones que podría convertirse en la cumbre de la paz en Medio Oriente y de la esperada unidad occidental respecto de Ucrania.
Esa es la esperanza de los líderes del grupo de las principales economías industrializadas. Los europeos ya observan el eventual desminado del estrecho de Ormuz como un gesto de acercamiento hacia Donald Trump, quien será recibido con todos los honores por el presidente francés y anfitrión de la cumbre, Emmanuel Macron.
En un movimiento de último momento, Macron logró arrancarle al mandatario estadounidense, habitualmente distante de París, el compromiso de participar en una cena exclusivamente franco-estadounidense en los fastuosos salones del Palacio de Versalles.
Si se confirma, no solo representará el cierre de un G7 más exitoso de lo esperado, sino también la prueba de que Trump permanecerá hasta el final de la cumbre, algo nada garantizado a la luz de antecedentes recientes.












