Hace unas semanas, Rosa García fue diagnosticada con cáncer, sin embargo, desconoce qué tipo de cáncer es y lo avanzado que pueda estar, ello debido a que sólo habla triqui y no entendió la explicación del médico.
En el país, la falta de traductores complica el acceso a servicios básicos, a los grupos indígenas que migran a las ciudades en busca de oportunidades para mejorar la calidad de vida de sus familias.
Rosa actualmente vive en la ciudad de Chilpancingo, Guerrero, junto con sus hijas, quienes, pese a que son jóvenes, no hablan español y por lo tanto tampoco comprenden por completo el diagnóstico del especialista.
La mujer originaria del estado de Oaxaca es familiar de Rosaelia Merino Martínez, quien hoy reside en la Ciudad de México y se siente culpable de no poder ayudarla, por lo que su madre viajará en los próximos días a Guerrero “para ver qué se puede hacer”.
Rosaelia ha vivido en la Ciudad de México desde que nació, pero nunca perdió su lengua materna, pues sus padres fueron los encargados de inculcársela, al grado de no hablar español hasta que ingresó a la escuela; hoy es traductora de la Secretaría de Desarrollo Rural y Equidad para las Comunidades (Sederec).
Al principio sufrió discriminación en la escuela, los niños no la veían bien cuando hablaba en su lengua, por lo que optó por ya no hacerlo, pero al ingresar a la preparatoria, se dio cuenta el valor que tiene.












