Tras terremotos en Venezuela se aferran a esperanza

Los equipos de rescate enfrentan condiciones cada vez más difíciles. Cortesía
Los equipos de rescate enfrentan condiciones cada vez más difíciles. Cortesía

Diez días después de los terremotos del 24 de junio, las familias de las zonas más afectadas siguen removiendo escombros y aferrándose a la esperanza de encontrar con vida a sus seres queridos, mientras los equipos de rescate enfrentan condiciones cada vez más difíciles.

En La Guaira, la región más golpeada, padres mantienen la fe de que sus hijos puedan aparecer con vida bajo los escombros de edificios colapsados por completo. Están sencillamente aferrados a la esperanza. Otros familiares ya han debido despedir a varios miembros de su núcleo en un mismo evento. Pedro Fernández, por ejemplo, perdió a su madre, esposa, dos hijas, un sobrino y la abuela de su esposa en un quiosco familiar en la playa de La Guaira. “No es nada fácil, pero me toca levantarme”, resumió este hombre de 50 años su nueva realidad familiar.

El balance oficial divulgado el viernes 3 de julio por el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, elevó la cifra de fallecidos a dos mil 645 y la de heridos a 12 mil 666. Las autoridades reportan seis mil 462 personas rescatadas con vida, 15 mil 50 desplazados sin vivienda y 885 edificios dañados, de los cuales 189 colapsaron por completo. Se han habilitado 59 campamentos transitorios y se ha brindado atención a 86 mil 117 familias. Desde el sismo se han registrado 890 réplicas.

Estimaciones

Aunque el gobierno no publica una cifra oficial de desaparecidos, plataformas ciudadanas y estimaciones de organismos internacionales sitúan en decenas de miles las personas de las que no se tiene noticia.

En medio de la emergencia que prosigue después de 10 días de los sismos, la llegada de la Onda Tropical 22 este sábado podría complicar aún más las operaciones de rescate y la situación de los damnificados. Las precipitaciones podrían aumentar el riesgo de deslizamientos de tierra en zonas ya inestables por los sismos y dificultan el trabajo de los equipos que operan con maquinaria pesada.

En los campamentos temporales instalados en la zona costera, donde miles de personas viven bajo carpas o estructuras improvisadas, la lluvia representa un nuevo riesgo: humedad, posibles filtraciones y mayor vulnerabilidad a enfermedades respiratorias y brotes sanitarios.