Desde hace meses el pequeño pueblo de Trudovskiye, a las puertas de Donetsk, es uno de los principales frentes de batalla entre los separatistas prorrusos y el Ejército ucraniano.
Un grupo de combatientes mantiene la posición de las trincheras, impenetrables para las cámaras por razones de seguridad. A pocos metros de distancia se encuentra lo que queda del Donbass Equicenter, que antes de la guerra era el centro de equitación más importante de toda Ucrania.
Aquí casi todos los días “llueven” granadas y proyectiles, que añaden desolación a un paisaje que recuerda la superficie lunar, con cráteres por todas partes. El conflicto ucraniano, a pesar de estar en punto muerto, sigue cobrándose muertos y heridos, y el camino hacia la solución sigue siendo cuesta arriba.
Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que el Donbass Equicenter era uno de los buques insignia del Donbass, la región del este de Ucrania que desde hace más de un año es el escenario de una feroz guerra civil.
El centro de equitación en el distrito de Trudovskiye, en el suroeste de Donetsk, tuvo la mala suerte de estar en la línea de fuego entre los combatientes de la República Popular de Donetsk y el Ejército de Ucrania, y se ha visto reducido a un montón de escombros.
Antes de que fuera conquistada por los separatistas, toda el área fue sembrada de minas antipersona. Algunas han sido desactivadas, mientras que otras, que todavía son susceptibles de explotar, se señalan con una lata que se aguanta con una ramita.
En los días de calma, cuando los ataques disminuyen en las trincheras, los soldados del tristemente famoso batallón Vostok dan una vuelta por los establos y la pista para buscar minas ocultas por la alta hierba y para comprobar, más por curiosidad que por necesidad, los daños causados por el enemigo.
Entre estos soldados se encuentran Egor, a quien los compañeros de armas apodan cariñosamente “Brad Pitt”, por un supuesto parecido con la estrella de Hollywood, y también Adrian, un chicarrón que supera el metro noventa de altura. Muestran con detalle los cráteres, los agujeros en el techo y las vigas maestras destrozadas por las fuerzas ucranianas.
Caminando, Adrian comienza su relato: “Ahí estaban las gradas; una parte estaba reservada para la prensa. Ahí, en cambio, estaban los establos, con los mejores caballos del país. El último ataque fue ayer. ¿Ves el agujero que han hecho los fascistas? Por el momento la situación está tranquila, pero hasta hace unas semanas aquí había una lluvia continua de bombas. Unas bombas fascistas que pretenden destruirnos. Somos un pueblo que lucha por la libertad, no terroristas. Los fascistas al servicio del imperialismo americano no nos derrotarán nunca”.
Sí, en la región minera del Donbass, donde se encuentra Donetsk, se habla constantemente de fascistas y terroristas. Los rebeldes consideran fascistas a los nacionalistas ucranianos, que tachan a los primeros de terroristas. Los rebeldes del Donbass, de cultura y lengua rusas y nostálgicos de la era soviética, ven en Vladimir Putin el modelo político a seguir.
Desde el inicio del conflicto, Moscú nunca ha ocultado su apoyo (oficialmente en el territorio no hay militares profesionales, pero llegan convoyes humanitarios con frecuencia) a la causa de los separatistas del Donbass, y hay muchos voluntarios rusos en la región luchando en primera línea contra el ejército ucraniano.
“Los fascistas echaron a Yanukovich porque tuvo el valor de decir no al imperialismo estadounidense y su maquinaria de guerra, la OTAN. Somos rusos, venimos todos de Rusia y no podemos ni queremos decir adiós a nuestras raíces. Con la expulsión de Yanukovich nos dimos cuenta de que los estadounidenses se habían inmiscuido otra vez en lo que no les incumbe, con el beneplácito de los fascistas ucranianos”, dijo.
“Así que tomamos las armas y, derramando mucha sangre, hemos creado la República Popular de Donetsk. En Lugansk han hecho lo mismo. No sé si algún día nos anexionaremos a Rusia, como cuando existía la Unión Soviética, pero por el momento nos conformamos con no formar parte de Ucrania”, dice un apasionado Adrian.
El mito de la Unión Soviética vuelve a estar en boga en el Donbass. Por todas partes se encuentran banderas, carteles, ropa y pins con la hoz y el martillo. Las imágenes de la toma de Kiev y Berlín por parte del Ejército Rojo en la Segunda Guerra Mundial se repiten de diferentes maneras a lo largo de las amplias avenidas de Donetsk.
En aquellos tiempos, cuentan los hombres del batallón Vostok, las cosas eran diferentes. Había tanto dinero para los tratamientos y los medicamentos que era imposible gastarlo todo.












