El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenó cinco ejecuciones federales, las cuales tendrán que llevar a cabo antes de que tome posesión el presidente electo, Joe Biden, el 20 de enero.
Con ello se rompe con un precedente de 130 años de pausar las ejecuciones en medio de una transición presidencial; además con estas acciones Trump será el presidente que más ejecuciones impulse en más de un siglo, supervisando este tipo de condenas a 13 reos desde julio de este año.
El primer ejecutado será Brandon Bernard (40 años) y Alfred Bourgeois (56), quienes están previstos sean ejecutados en una penitenciaría de Terre Haute, Indiana.
El fiscal general, William Barr, defendió que su Departamento de Justicia simplemente está cumpliendo con la legislación existente.
Pero sus críticos consideraron que la medida es preocupante, ya que se produce a sólo unas semanas de que Biden, que ha dicho que buscará poner fin a la pena de muerte, asuma el cargo.
“Esto realmente se sale de la norma de una manera bastante extrema”, señaló Ngozi Ndulue, directora de investigación del Centro de Información sobre la Pena de Muerte, una organización no partidista.
Desde que la Corte Suprema de Estados Unidos restableció la pena de muerte federal en 1988, las ejecuciones en Estados Unidos han sido escasas.
Antes de que Trump asumiera el cargo, únicamente se habían llevado a cabo tres ejecuciones federales en este periodo (1988-2016).
Sin embargo, las autoridades de cada estado del país sí que han seguido ejecutando a presos en las cárceles gestionadas por ellas.
El año pasado se llevaron a cabo 22 muertes de presos en el corredor de la muerte.
Un número cada vez mayor de estados de EU se ha movilizado para abolir la pena capital por completo, y la mayoría ha prohibido formalmente la práctica o no ha ejecutado a ningún preso en más de una década.












