El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, partió ayer a Arabia Saudita para iniciar su primer viaje internacional hacia Oriente Medio y Europa, llevando consigo una pesada carga de problemas que lo han colocado a él y a su administración nuevamente a la defensiva.
El viaje de nueve días por cuatro naciones le dará al mandatario un respiro de la reciente agitación política tras el despido del director del FBI, James Comey, aunque lo acompañará la sombra de Rusia y las sospechas sobre la posible colusión entre funcionarios de ese gobierno y su campaña presidencial.
“Estaremos protegiendo fuertemente los intereses estadounidenses ¡eso es lo que me gusta hacer!”, dijo el mandatario en un mensaje en su cuenta de Twitter.
La Casa Blanca ha caracterizado el viaje como una oportunidad para que el mandatario deje en claro su compromiso con la defensa de las libertades religiosas.











