Desde el siglo XVI, el Golfo de México ha sido un punto estratégico y cultural. Su nombre, que proviene de la ciudad indígena de México, ha resistido el paso de los siglos y los cambios de poder colonial. Ahora, esta denominación enfrenta un cuestionamiento desde Estados Unidos (EE.UU.), impulsado por Donald Trump, quien propone renombrarlo bajo la premisa de que su país “hace la mayor parte del trabajo”.
El debate sobre el nombre del golfo no es nuevo. En 2012, un legislador de Misisipi sugirió llamarlo “Golfo de América” para el tramo que bordea las playas del estado. Aunque estas propuestas no prosperaron, resurgieron con la retórica nacionalista de Trump, quien también anunció en su conferencia de prensa nuevos proyectos de explotación petrolera en la región.
El nombre “Golfo de México” tiene raíces profundas, documentadas en mapas históricos de los siglos XVI y XVII. Durante la época colonial, España lo incluyó como parte del Virreinato de Nueva España. Otros nombres como Mare de Nort o Golfo de Nueva España, también aparecieron en mapas antiguos, pero ninguno logró la permanencia de su denominación actual, esto acuerdo con el libro de “Historia de la conquista de México”, de Antonio de Solís.
Trump justifica su propuesta argumentando que EE.UU. invierte más recursos en la región, pero ignora los siglos de historia compartida con México y otros países del Caribe. Además, según la Organización Hidrográfica Internacional (OHI), señalan que podría alterar acuerdos internacionales y políticas ambientales vinculadas al golfo.












