Cuando Modou dejó la escuela coránica en Banjul, Gambia, tenía solo 14 años. Fue en el lejano año 2003 y nunca se hubiera imaginado que pocos años después se convertiría en el artista de circo más famoso de todo Senegal.
Hoy Modou Fata Toure tiene 28 años. Sus padres, ambos senegaleses, se habían mudado por motivos laborales a la capital de Gambia justo antes de que él naciese.
“Ambos son muy religiosos -explica Modou en la entrada de la carpa del circo. Quisieron que mis dos hermanos y yo fuéramos a una escuela coránica. Pero tuve algunos desacuerdos con el marabú (el guía religioso)”.
El único otro lugar que Modou conocía además de Banjul era Dakar, la capital de Senegal, que había visitado en varias ocasiones con su familia.
Ese fue su destino, al cual llegó gracias a un golpe de suerte. “Mi abuela vivía aquí, pero yo no sabía la dirección exacta. Viví en la calle dos semanas, pidiendo caridad en el mercado para poder comer algo”.
Luego, un día, por casualidad, pasó por delante del centro de acogida Empire des Enfants, en el distrito popular de Medina.
El 2006 fue el año del verdadero punto de inflexión para el joven Modou. La asociación sueca Djef Djel realizó un curso de artes circenses en el Empire des Enfants.
Para Modou fue amor a primera vista: “Estaba como hipnotizado. Los malabares, las acrobacias, el trapecio, los saltos... Creía que estaba viendo magos. Ese mundo me cautivó y aún hoy no puedo ni quiero liberarme de él”.
En 2008 los responsables de Djef Djel propusieron a Modou que fuese a Estocolmo, con los gastos pagados por la asociación, para hacer un curso de perfeccionamiento.
No se lo tuvieron que decir dos veces. Solo había un obstáculo entre él y el viaje a Suecia: no tenía ningún documento y, por lo tanto, tenía que ponerse en contacto con sus padres, que desde su repentina huida de Banjul no sabían nada de él y creían que estaba muerto.
Modou visitó Suecia varias veces, donde participó en cursos de perfeccionamiento de artes circenses. Durante los períodos en los que estaba en Senegal, daba clases gratuitas en los centros de acogida para menores repartidos por todo Dakar.
Animado por su amiga Aminata Kamara, que trabajaba en el Empire des Enfants, fundó Sencirk, la primera compañía de circo de Senegal, que en 2010 recibió oficialmente el estatus de asociación cultural.
“Sencirk es un proyecto social revolucionario para un país de África Occidental -explica Modou-. Nos dimos cuenta de que el circo puede ser un punto de partida para ayudar a los jóvenes desfavorecidos. El objetivo no es formar a niños y niñas en las artes circenses sino ayudarlos a no dejarse llevar por sus problemas mediante el trabajo en equipo y la determinación”.
Añade que “el circo es un medio, no un fin. Nos permite trabajar para favorecer la reinserción social y profesional de estos jóvenes. Si al final uno de ellos se convierte en profesional, para nosotros sería una satisfacción adicional”.
La ciudad de Dakar permitió que Sencirk montase su carpa de circo dentro del edificio de la Piscina Olímpica, en el barrio de Point E.
Cada día, desafiando un calor abrasador, los chicos de Sencirk entrenan duro en danza acrobática, contorsionismo, pirámides humanas, trapecio, monociclo, tela aérea, payasos y otras disciplinas importantes del sector.
La compañía está formada por unos 20 miembros. Luego están los recién llegados y los simples curiosos, que dan los primeros pasos siguiendo los consejos de los más experimentados.












