Los cuerpos pequeños y grandes se esparcen a lo largo de las banquetas de las casas, en el atrio de la iglesia, en las jardineras del parque Central y los corredores del Palacio Municipal de Santo Domingo Zanatepec, el primer municipio oaxaqueño que se declaró libre de minería.
Más de dos mil migrantes de Centroamérica, Caribe y Sudamérica, a diferencia de lo ocurrido en otras poblaciones, recibieron asilo humanitario en esta zona zoque de Oaxaca.
Durante el día muy pocos adultos se mueven del espacio que adoptan como casa provisional. El cansancio los deja derrotados por horas.
Los niños son los más movidos en los pueblos que llegan, el juego en los parques los mantiene activos durante todo el día, salvo los que muestran síntomas de gripa.
Debido al cansancio, la peligrosidad y las enfermedades que los acosa, al menos 800 migrantes de la caravana han desertado y aceptado las tarjetas de Visitante por Razones Humanitarias y de Residente Permanente que les otorgó el Instituto Nacional de Migración (INM).
Los migrantes comenzaron abandonar la caravana después de pisar territorio oaxaqueño, sobre todo los más vulnerables como niños y adolescentes, así como mujeres embarazadas, personas con alguna enfermedad o discapacidad, quienes recibieron respuesta positiva de refugio solicitado desde Tapachula, Chiapas.
Los migrantes que partieron de Tapachula el 23 de octubre, cansados de esperar las tarjetas que les prometieron y se dirigían en caravana hacia la Ciudad de México para solucionar su estatus migratorio, se acercaron a la garita del INM en San Pedro Tapanatepec aceptando el ofrecimiento, por lo que fueron trasladados en autobuses hasta las oficinas de la INM en los estados de Puebla, Veracruz, Oaxaca, Morelos, Hidalgo y Guerrero.












