El rey Carlos III vive en un palacio, viaja en un Bentley con chofer y es uno de los hombres más ricos de Gran Bretaña, pero se asemeja a muchos de sus súbditos en algo muy básico: su vida familiar es complicada. Muy complicada.
Hay una segunda esposa, un hermano incómodo, un hijo y una cuñada molestos, todos con aliados que no son tímidos a la hora de compartir los secretos familiares a los “amistosos” periodistas.
El nuevo rey tendrá la esperanza de ocultar esas tensiones cuando su familia regiamente mezclada se reúna con hasta 2 mil 800 invitados para la coronación del rey Carlos, el próximo 6 de mayo en la Abadía de Westminster. Todos asistirán con excepción de Meghan Markle, la duquesa de Sussex, esposa de uno de sus hijos.
La forma en que Carlos maneje el drama familiar en las próximas semanas y años es crucial para sus intentos por preservar y proteger la monarquía hereditaria que tiene más de un milenio y que ahora personifica.












