Las ciudades, lamentablemente con demasiada frecuencia, son resultado de decisiones políticas, no de decisiones urbanísticas y tampoco arquitectónicas.
Un caso de ese problema que describe el arquitecto Miquel Adrià es el de la cancelación por parte del actual gobierno del aeropuerto de Texcoco.
—La cancelación del aeropuerto de Texcoco y el proyecto de Santa Lucía, ¿qué piensas de esto?
—Creo que es una decisión que no es ni urbanística ni metropolitana, es una decisión política. Es una manifestación de poder del presidente. Si había aspectos a revisar —corrupción en los contratos o cosas de ese tipo— se podría haber revisado y se castigaba a quien se tuviera que castigar.
Era un gran proyecto e iba muy avanzado para ser un excelente aeropuerto. ¿Pudo haber sido más modesto? ¡Sin duda! Lo que pasó es como si estuvieras haciendo una casa y te dieras cuenta de que el constructor te está robando las piezas del baño.
¿Qué haces? Demandas al constructor y le pides que devuelva las piezas del baño. Pero aquí lo cancelan y se van a hacerlo a otro lado. Estamos creando una ruina más, a un costo altísimo, va a ser nuestro Fobaproa, para quedarnos, finalmente, sin aeropuerto.
—¿Cómo?
—Lo que vamos a tener es la Terminal 1 y 2 del Benito Juárez en estado de deterioro permanente; no da para lo que requerimos, no da la capacidad para proyectarnos como ciudad hacia el futuro, simplemente para mantenernos como estamos.
No es una ciudad que se esté proyectando, diciendo: “Quiero ser esa metrópoli de referencia en Latinoamérica”. Otros aeropuertos hoy por hoy, Cancún y otros, son más eficientes, funcionan mucho mejor.
Lo de Santa Lucía es un cuento. Nadie puede creer que, en seis años, vayamos a tener un nuevo aeropuerto, de tenerlo, vamos a tener un aeropuerto remoto, a 70 kilómetros de aquí, sin conexiones. Está todo anunciado para un desastre.











