Una operación que parecía exitosa: INR

"México * El Universal. Luis Antonio y Saúl, primos políticos, trabajaban en la misma imprenta la tarde en que Saúl tuvo un accidente. El 18 de julio, Saúl de 34 años, perdió ambos brazos mientras laboraba en el taller como ayudante general de imprenta. La guillotina cayó. Luis Antonio escuchó el grito, y enseguida lo cargó para trasladarlo al Hospital Belisario Domínguez. Utilizó cuanto pudo para detener la hemorragia.

En el hospital, mientras los médicos trataban de contener la sangre, preguntaron por los brazos de Saúl. Luis Antonio respondió que éstos habían quedado en la guillotina de la imprenta. Los especialistas insistieron en que los necesitaban para intentar un reimplante.

Eran casi las 5 de la tarde cuando Luis Antonio llamó a su madre para indicarle que fuera a la imprenta para recoger los brazos de Saúl. Silvia se dirigió al local ubicado en la calle de Savadel. En el camino le habló a su hermana Laura, para que la alcanzara.

La imprenta estaba cerrada pero ellas insistieron. Nadie les abrió, optaron por forzar la puerta y con la ayuda de un hombre que iba pasando, lograron entrar. Silvia la mayor de las hermanas, tomó los brazos de Saúl, los colocó en una caja y salieron a conseguir hielo. En el camino encontraron una cocina económica donde les dieron un poco, pero no el suficiente. Subieron a un taxi hasta llegar a una paletería donde consiguieron más hielo ""para cubrir los brazos, las arterias y las venas"", relataron.

El paletero les preguntó cuánto necesitaban y ellas contestaron: ""lo suficiente para conservar los brazos de un muchacho y que llevamos en esta caja"". El hombre les dio el hielo. No cobró nada. ""El hielo se convirtió en algo fundamental para nosotras en ese momento"".

Silvia y Laura explicaron al taxista lo que traían consigo. Le contaron que llevan las manos de un muchacho que acababa de perder sus brazos en la guillotina de una imprenta.

El taxista aceleró. El tránsito no avanzaba. Silvia vio una patrulla, bajó del taxi y le pidió al policía que les abriera camino. Nuevamente explicaron porqué, y mostraron las manos con tal de que el policía les creyera. Una vez más, la ayuda de los que se iban involucrando en la historia hacía posible que el camino se abriera para que las hermanas Silvia y Laura llegaran al hospital Belisario Domínguez.

Ahí estaba un helicóptero esperando los brazos de Saúl para trasladarlos al Hospital General de Xoco, donde inicialmente se realizaría la cirugía para que Saúl recuperara sus brazos.

Es ese hospital, médicos y especialistas decidieron que el paciente fuera trasladado al Instituto Nacional de Rehabilitación (INR), donde consideraron que había condiciones para la operación.

En el Instituto un equipo multidisciplinario de 18 médicos, entre ortopedistas, cirujanos vasculares y plásticos, trabajaron en unir y ligar los huesos seccionados, así como arterias, venas y nervios, además de la reconstrucción de músculos, tendones y piel.

El coordinador de la cirugía fue el doctor Juan Antonio Madinaveitia Villanueva, especialista del INR, apoyado por Ramón Rosales Avilés, director general de servicios médicos de la Secretaría de Salud del Distrito Federal.

A las 8 y media de la noche Saúl entró al quirófano. Sus brazos y manos fueron preservados. La labor de Luis Antonio, Laura y Silvia, la señora de la cocina económica, el señor de la paletería, el policía que abrió camino con sus patrulla, los paramédicos del helicóptero, y el equipo de médicos que intervinieron hicieron posible que ayer por la mañana Saúl, padre de una niña de un año ocho meses y esposo de Amairani, saliera del quirófano con vida y buenos pronósticos. Pero pasadas las 4 de la tarde su corazón falló. El respaldo de familiares, médicos y extraños fue total, Saúl no resistió.

"