Universidad

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La Universidad Intercultural de Chiapas, creada por decreto del Congreso de Chiapas, en su carta fundacional enfatiza su misión de “formar profesionistas con un modelo educativo fundamentado en la interculturalidad, articulando la diversidad cultural, social y económica de los diversos actores que conforman la sociedad chiapaneca”, que habrá de proveer a los estudiantes de una formación integral “basada en el respeto, la tolerancia, pluralidad y equidad, fortaleciendo la convivencia y el diálogo en la diversidad social”.

Tras su creación en diciembre de 2004, comenzó a trabajar al año siguiente. En su corta existencia ha tenido ya cuatro rectores. Andrés Fábregas Puig, Javier Álvarez Ramos, Oswaldo Chacón Rojas, y el actual.

Su página indica que tiene la tarea de impartir enseñanza de alta calidad, fomentar la investigación y difundir sus resultados. Más de mil 200 estudiantes cursan estudios allí. Cuenta con 3 Unidades Académicas Multidisciplinarias que operan en Las Margaritas, Yajalón, Oxchuc y una más en Salto de Agua.

Esta institución pretende atender retos que se remontan más atrás en el tiempo. La institución responde a un anhelo de justicia de una población muy localizada y que necesita, quizá más que ninguna en Chiapas, educación superior en beneficio de una colectividad vulnerable.

Ocupa por eso un espacio muy especial en el compromiso con la educación.

No obstante, el segundo rector debió salir por pugnas en el interior de la institución. El siguiente ha debido renunciar hace unos días apenas. A la remoción ha precedido un anuncio preocupante. Un organismo denominado Asamblea Permanente de Trabajadores de la Universidad Intercultural de Chiapas y, además, quienes dicen representar al Sindicato de Trabajadores de la la Universidad, dieron a conocer que están en riesgo de desaparecer dos carreras y una unidad académica y que además ha disminuido en 50 por ciento la entrega de fichas de ingreso.

Tras este anuncio, otro grupo de la misma Universidad que se presentó ante la prensa como integrante del Sindicato Único de Trabajadores de la Universidad Intercultural de Chiapas, ha dado a conocer su rechazo a lo que llamó “serie de difamaciones e intimidaciones que realizó el grupo académico en Asamblea Permanente de Trabajadores y Trabajadoras”.

Por su parte, el grupo que al parecer es contrario al que señala “difamaciones”, sostuvo que los riesgos que encara la institución de Educación Superior, son resultado de la toma ilegal de la Universidad del 5 al 22 de mayo por parte de integrantes del Sindicato Único de Trabajadores de la Universidad Intercultural de Chiapas.

Lo anterior muestra lo que se ha estado privilegiado en esa importante Universidad chiapaneca que atiende a una población de jóvenes, muchos de los cuales provienen de comunidades marginadas de los Altos, Selva, Fronterioza y Norte, con grandes necesidades. Para la mayoría de estos jóvenes, sin duda, el trabajo en el aula es más importante que las pugnas que se privilegian hoy. Muchos desearían estudiar sin tanto conflicto. No importa cuál sea el argumento que tenga mayor razón. La misión que tiene esta institución debería imponerse sobre las desavenencias. Con diálogo, alcanzar más pronto los acuerdos que retomen el trabajo sin tanta política.

Hoy la realidad es lo que ha planteado uno de los grupos: la disminución calamitosa de fichas de ingreso. El riesgo de que desaparezcan las carreras de Comunicación Intercultural y de Turismo Alternativo por la escasa demanda. Por ejemplo, en la Unidad Académica de Salto de Agua hay 15 candidatos, por lo cual podría cerrar en el corto plazo. Hace tres años se hablaba de extender la oferta educativa con nueva opciones.

Hoy, la intolerancia y el conflicto se imponen al respeto, la tolerancia, la pluralidad y la equidad, contemplados en la carta fundacional de esa Universidad.