Uruguay rememoró el martes una sacudida: el 50 aniversario (27 de junio de 1973) del golpe de Estado que dirigió el entonces presidente constitucional uruguayo, Juan María Bordaberry, e implantó una dictadura militar que violó los derechos humanos y gobernó hasta 1985 con saldo de muerte y terror.
Uruguay retornó el primero de marzo de 1985 a la democracia en una demanda nacional de repudio a la dictadura: Nunca Más.
Con esa consigna, el presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, reunió el martes a los expresidentes uruguayos —el centroizquierdista Julio María Sanguinetti, el centroderechista Luis Alberto Lacalle Herrera y el izquierdista José Mujica— en cuatro sillas y una mesa, en una histórica cita ante la población, para anunciarle al país y al mundo que Nunca Más.
Sin mesianismos autoritarios ni utopías revolucionarias, un “compromiso cívico” debe buscar que “este Nunca Más (…) tenga un profundo contenido”, pidió Sanguinetti (1985-1990 y 1995-2000).
“Nunca Más descalificar al otro porque piensa distinto y Nunca Más pensar que es una mala persona por votar por otro partido o candidato”, solicitó Lacalle Herrera (1990-1995).
“Cuidemos la convivencia que es la manera de cuidar la democracia”, sugirió Mujica (2010-2015).
Al clamor de los tres, el presidente (2020-2025) añadió: “Para que el Nunca Más sea cierto, tiene que haber para siempre democracia”.
“El mensaje” del “gesto de unidad de los expresidentes de Uruguay (…) es que la mejor herramienta para enfrentar los problemas de cualquier sociedad sigue siendo la democracia”, afirmó el abogado paraguayo Óscar Ayala Amarilla, ex secretario ejecutivo de la (no estatal) Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay (Codehupy).












