"México, DF * El Universal. Los jóvenes mexicanos carecen de espacios de expresión y de participación cultural en condiciones de igualdad. Frente a temas ""urgentes"" como salud, empleo y educación, la cultura -vital para la configuración de las identidades sociales- acaba en un segundo plano y es vista como adorno.
Para muchas políticas y legislaciones, los 29 millones de mexicanos jóvenes son seres incompletos ""con más hormonas que neuronas""; para otros sectores, esta población resulta un buen negocio: al fin y al cabo ellos quieren aprender, son creativos y se les paga mal.
En México, este sector enfrenta una extrema desigualdad en cuanto a sus niveles de acceso a los bienes culturales. En contraste, nunca antes ha existido tal oferta musical, audiovisual, informativa, virtual y a nivel de redes sociales.
La doctora en Ciencias Sociales, Rossana Reguillo Cruz, investigadora del Departamento de Estudios Socioculturales del ITESO, plantea que existen dos países cuando de acceso a la cultura para los jóvenes se habla:
""Hay un México que es el de los jóvenes que están conectados, que están dentro del sistema y que tienen condiciones de desarrollo cultural, social, económico y educativo adecuados. Y el otro México, mayoritario, está conformado por un ejército de jóvenes para quienes la cultura es un lujo difícilmente imaginable, en la medida que se les ha expropiado, por la vía de los hechos, cualquier posibilidad de manifestarse con respecto a su propio a futuro"".
La investigadora contrasta esta desigualdad en los accesos con el bombardeo de ofertas para esta población: ""Ninguna generación tuvo ese nivel de oferta, pero también de manera inédita los jóvenes nunca han experimentado tales dificultades para llegar a tenerla"".
En busca de
entretenimiento
Según la Encuesta Nacional de Juventud 2005, entre las actividades elegidas por los jóvenes para divertirse fuera de casa, figuran algunas referidas al arte, el espectáculo y la cultura como ir a cine -con 33 por ciento- y a conciertos, jugar videojuegos e ir a bailar. Muy lejos de las preferencias se encuentra la visita a teatro, danza, exposiciones, bibliotecas y librerías.
En materia de cultura, considera Reguillo, el discurso público, y por ende la legislación y las políticas, conciben al sujeto juvenil como un ser incompleto. ""Se le ve como un ser lleno de hormonas y carente de neuronas al que hay mantener entretenido. Se piensa que lo que hay que hacer es entretenerlo hasta que cumpla 29 años. Impera una lógica tutelar que ha imposibilitado el empoderamiento de los jóvenes. Las políticas desde la cultura, se han centrado en organizarles conciertos y crearles algunas casas de cultura; no hay una visión integral de lo que significa la participación y la expresión juvenil en la cultura"".
En la Revista de la Universidad de México, el ya fallecido escritor Carlos Monsiváis se refirió este año a la inclusión cultural como un derecho ciudadano a pesar de que ""la cultura no tiene peso específico en el sistema educativo de América Latina y de México"".
El escritor habló del anhelo de cultura de diferentes grupos sociales y, en particular, de ""los jóvenes que demandan casas de cultura en la ciudad o en la colonia; los que compran los libros y los discos de 'oportunidad'; los involucrados en cualquier tipo de acción creativa, algo que va de los grafiteros, a los videoastas, de los talleres de poesía a los instaladores amateurs, etcétera"".
""Hay enormes sectores de mexicanos están quedando por fuera de lo que podríamos llamar una alfabetización cultural -dice en entrevista Rossana Reguillo. Jóvenes que no tienen acceso a una formación integral en el plano de la cultura, ni al tiempo libre ni al derecho de ocio y que el único espacio que les resta para manifestarse son algunas paredes de las ciudades para taggear o grafitear su desencanto, impotencia y enojo"".
La calle como
espacio de arte
Saner es diseñador por la UNAM, hace arte urbano y ha conseguido a sus 29 años hacerse a un nombre en México y fuera del país, en lo que concierne al arte urbano, en particular al graffiti.
Ha expuesto en galerías nacionales y extranjeras; tiene un libro DY: 008: Saner y ha diseño juguetes. Hace una década no imaginaba que iba a conseguir lo que ha logrado. Con su trabajo, ha echado abajo ese prejuicio que dice que todo el que pinta grafiti es un pandillero. Ha conseguido que su obra se reconozca y ya no cae en el juego ""clásico"" de los que le proponen al grafitero: ""Te damos una barda, pero tú pon todo lo demás"".
Es un artista joven convencido de que no hay que esperar a que le regalen las oportunidades: ""Cada quien construye su castillo"". Lo conocen como Saner, pero su nombre es Édgar Flores.
""En la cultura del graffiti eliges una identidad paralela, la que te deja ser, con la que puedes hacer cosas diferentes sin que nadie te venga a acusar, cuando se trata de mantener un anonimato"".
Nacido en la Ciudad de México, se crió en Ecatepec. Desde que estudiaba en el CCH Azcapotzalco se vinculó a la escena del graffiti. Con cinco compañeros, estuvo a punto de ir a juicio universitario cuando el grupo ""bombardeó"" (decoró con graffiti) un salón.
""Nunca he esperado que las cosas me lleguen a las manos. Me ha tocado de todo: desde tocar puertas hasta que se aprovechen de mí, porque uno es el que tiene que regalar su trabajo. No espero de los demás, que vengan a admirar mi trabajo. Yo soy mi crítico"".
Saner reconoce que el arte urbano se ha puesto de moda entre muchos sectores y que por esto a los creadores ya no se les ve como pandilleros; otra consecuencia de eso, es que marcas y agencias de publicidad han puesto sus ojos ahí.
""Algunos se aprovechan de los jóvenes. Sé cuanto invierten en una campaña y no están siendo justos. Te ven joven y te dicen: 'Yo te pongo la barda y tú pones lo demás'. Hoy les digo: 'Yo me pongo la barda cuando yo quiera pintar lo que a mí me gusta y donde a mí me guste. Cuando tú me quieras poner tu barda pues ponme todo lo demás.""
Las otras juventudes
No es fácil trazar un mapa único sobre las formas como los jóvenes mexicanos se relacionan con la cultura, reconoce la especialista Rossana Reguillo.
Ubica, de manera general, tres sectores: en primer lugar el de los jóvenes que han logrado, pese a las condiciones de pobreza y exclusión, un cierto grado de organización en sus grupos, colectivos, clicas y que son autogestivos. Cita como sus espacios el Chopo en la Ciudad de México y el tianguis cultural, en Guadalajara, entre otros.
Un segundo grupo es el de los que tienen cierta organización, pero que actúan de forma intermitente. ""Estamos viendo cada vez más de esta intermitencia. Sucede porque no hay instituciones capaces de recoger en el país, de una manera no paternalista ni reaccionaria ni conservadora, las expresiones juveniles"".
Como tercer sector en este mapa, Reguillo se refiere a un extenso número de jóvenes ""carentes de palabras y de posibilidad de imaginar ni siquiera el día siguiente"". Los describe como jóvenes centrados en la sobrevivencia diaria.
""Es de ahí donde el narcotráfico y el crimen organizado alimentan sus filas -afirma Reguillo-. Jóvenes que no encuentran ningún espacio posible de trascendencia más allá de un empleo mal pagado en una maquila o en el sector informal. En este ámbito, lo que el narco hace, y que no se quiere entender a nivel de política de Estado ni a nivel de discursos del presidente Felipe Calderón, es hacerle una propuesta cultural a esos jóvenes. El narco tiene una manera de hacerlos sentir importantes e incluidos, tiene una propuesta identitaria, así no nos guste porque es la del 'machín' y del sicario, pero ahí hay para estos jóvenes una sensación de trascendencia"".
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