Tras un regreso histórico, el último ícono de la izquierda global, Luiz Inácio Lula da Silva, ganó la segunda vuelta contra el candidato de Trump, Flávio Bolsonaro, y se alzó con la presidencia de Brasil por cuarta vez.
Obtuvo el 51.74 % de los votos, frente al 48.2 % de Flavio, un margen mucho mayor del esperado en vísperas de las elecciones.
Por su parte, el senador Flávio Bolsonaro desistió de solicitar la anulación de los comicios y prepara una demanda para intentar revocar el mandato del presidente reelecto por presunto abuso de poder económico, informó este lunes el diario Folha de S.Paulo.
Este triunfo también envía un contundente mensaje al mundo: a pocos días de las elecciones de mitad de mandato, su victoria frena el avance, hasta ahora imparable, de la derecha trumpista en Latinoamérica. Pero Lula, quien admitió no haber tenido nunca un teléfono inteligente, también derrotó a Meta, acusado por muchos de intentar, en vano, frenar la difusión de su contenido en redes sociales.
Esta es también una buena noticia para la comunidad LGBT, para los defensores de los derechos de las minorías, para los pueblos indígenas y para los más vulnerables que dependen de las políticas sociales públicas. Y también para sus políticas ambientales de protección de la Amazonía, el pulmón del mundo.
Su victoria es impactante también por la forma en que se produjo: nunca en la historia de la política brasileña un candidato que había perdido la primera vuelta había logrado revertir el resultado en la segunda vuelta. Además, nunca antes un candidato había obtenido tantos votos, más de 64 millones.
Detrás de la victoria de este adalid del progresismo global se encuentra, sin duda, el auge de la participación: la abstención disminuyó en dos puntos porcentuales, lo que indica que incluso quienes se quedaron en casa en la primera vuelta votaron por él.












