Es evidente que el año inició con grandes sacudidas económicas y políticas, y han sido de tal magnitud que no sólo han cimbrado a las principales economías. En México sería irresponsable decir que no pasa nada.
Todos hemos podido observar que desde que comenzó 2016 se ha registrado una importante volatilidad del peso frente al dólar, siendo esto un reflejo del fortalecimiento de la divisa norteamericana por la modificación de su política monetaria.
Este comportamiento ha sido similar en las principales divisas del mundo y, por ahora, no vemos que vaya a cambiar a corto plazo; por el contrario, creemos que esta situación de inestabilidad continuará dándose durante gran parte del año.
Si bien la SHCP y el Banco de México han tomado las medidas más ortodoxas y adecuadas para enfrentar el difícil entorno mundial, que está siendo agravado además por la fuerte caída en los precios del petróleo y la crisis que sacude a la economía china, a nuestro parecer es oportuno considerar otras acciones para salir lo mejor librados de esta crisis global.
Creemos que para suavizar este ajuste global es impostergable que tanto la Federación como los estados y municipios, así como en nuestras empresas, se revise la situación financiera para enfrentar este cambio de mediano plazo.
Sobre todo cuando se anticipa una menor disponibilidad de financiamiento, un muy probable incremento en las tasas de interés y se mantengan deprimidos los precios de las materias primas y otros productos que se cotizan en los mercados internacionales. El resultado de esto es a todas luces un cambio en la paridad real que encarecerá las mercancías importadas denominadas en dólares, pero que al mismo tiempo mejorará la competitividad de los productos mexicanos.
Ante los menores montos disponibles de financiamiento global, los gobiernos y las empresas tendrán probablemente una mayor dificultad para obtener recursos crediticios a las tasas predominantes en meses y años anteriores, entorno que también afectará, sin lugar a dudas, a nuestro país.
Aunado a ello, los inversionistas internacionales serán más selectivos para escoger los lugares donde canalicen sus recursos, por lo que darán preferencia a países cuyos gobiernos tengan una reducida deuda y un bajo déficit fiscal.
Por lo anterior, es prioritario darle seguimiento puntual al crecimiento de la deuda del gobierno mexicano, la cual ha pasado de representar el 27.6 por ciento del PIB hasta el 46% en septiembre pasado (medido a través del Saldo de Requerimientos Financieros del Sector Público).
Aunque este porcentaje es inferior a la deuda promedio de los países desarrollados, la tasa promedio de interés que paga nuestro gobierno es significativamente superior a la que pagan aquellos, por lo cual el actual monto de endeudamiento tiene un mayor impacto en México.
Las empresas, por su parte, deberán hacer un esfuerzo adicional para poder reducir su deuda y acelerar su cobranza, a fin de tener mayor fortaleza para enfrentar este periodo de reducción en los recursos crediticios disponibles.
Vemos con buenos ojos que el gobierno federal anunciara la reducción del plazo para hacer la devolución de algunos impuestos, pero esperamos que también reduzca el plazo para el pago a sus proveedores, lo cual ayudará a las empresas mexicanas.
Un dólar caro, por otra lado, nos da la gran oportunidad de fortalecer a nuestro sector turístico, que ha registrado crecimiento desde hace tres años, mediante el desarrollo de nueva infraestructura que nos permita recibir un mayor número de visitantes y diversifique nuestra oferta con nuevos destinos turísticos, por lo que debemos aprovechar la vocación natural que tenemos y reforzar nuestra participación en el turismo mundial.
El consumo interno y la inversión privada serán también otros factores claves para mantener el crecimiento de nuestra economía, así como la generación de nuevos empleos.












