Vivir la soltería: desde aprendizaje hasta la presión

Vivir la soltería: desde aprendizaje hasta la presión

Este 13 de febrero se celebra el Día Mundial del Soltero, y de acuerdo con información del Censo de Población y Vivienda 2020, realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), desde el 2014 se ha observado una reducción constante en el número de personas casadas en México, siendo la mayor disminución en el año más crudo de la pandemia, cuando pasó de 504 mil 923 en 2019 a 335 mil 563 uniones en 2020.

Experimentar la soltería en México puede implicar condiciones muy distintas, desde aquellas donde la presión social es importante para rechazarla, hasta aquellas en las que se asume como resultado de un aprendizaje de vida, como una forma de tranquilidad tras relaciones conflictivas.

Tal es el caso de Adriana Cajiga Hernández-Jáuregui, una mujer de 56 años, docente en una escuela privada, amante de la pintura y los viajes, y felizmente soltera: “Estoy tan cómoda en mi vida, que lo único que me falta es conseguir a las amigas para viajar”.

Relata que a los 26 años se casó por primera vez, más por presión social que por convicción.

“Teníamos años de novios y lo que seguía era eso. De hecho duré muy poco casada. Decidí divorciarme porque en su casa había que hacer lo que sus papás decían”, comentó.

Diez años después encontró a quien consideró al amor de su vida, un hombre viudo y con dos hijos mayores, pero tras 15 años de matrimonio decidió que no quería vivir en una relación que para él no era prioridad.

Antes de estas segundas nupcias Adriana era la coordinadora académica en una universidad y renunció a todo por su entonces pareja: su trabajo, su casa, sus libros y su estilo de vida.

Reconoce que se casó con “un paquete” que incluía hijos y hasta la expareja de su prometido, lo que complicó todo de inicio.

Cuando los hijos se casaron la relación mejoró, pero llegaron los nietos y fueron la nueva prioridad para su esposo.

Todo se agravó cuando se fueron de la Ciudad de México para vivir en Zempoala, buscando una mejor situación económica.

“Renuncié otra vez a mi trabajo y cuando llegamos él me dice que no se va a quedar a vivir conmigo, que va a seguir trabajando.

“Los primeros seis meses viví yo sola, no dormía en las noches y ahí fue cuando todo se comenzó a desquebrajar”, mencionó. Adriana tomó entonces la decisión que considera ha sido la mejor.

Actualmente tiene seis años de divorciada y reconoce que no ha sido sencillo, nuevamente por la presión social.

“Pensaba ‘¿cómo voy a decir que tuve dos divorcios?’ y hoy te puedo decir que sí, ¿y qué? Pero me ha costado mucho entender que no soy los divorcios. Aprendes a quererte y a darte ese cariño, aprendí que lo primero que tengo que hacer es amarme y después amar al prójimo”, dijo.

La soltería no siempre es como la pintan

Un caso distinto es el de Jorge, quien pese a ser un profesionista pleno a sus 35 años, tiene en su soltería una herida abierta que no ha podido sanar.

“Siento feo ser soltero porque además sigo sintiendo la presión social. Veo a mis compañeros de generación que publican fotos de la boda, de los hijos y yo quiero eso, no porque sea algo que hay que ser en la vida. A estas alturas ya tengo muy claro qué es lo que quiero, y es una pareja y una familia”, comentó.

El actuario reconoce que desde muy joven su sueño ha sido casarse, pero a pesar de que ha tenido un par de parejas no ha tenido mucha suerte en el amor.

Jorge confiesa que cuando tenía 20 años y estudiaba la universidad se imaginaba que a sus 30 años estaría acompañado de su esposa e hijos; sin embargo, cada vez siente más presión porque el tiempo pasa y no logra hacer realidad sus sueños.

“Hoy por hoy ya lo siento más; en ese momento era la ilusión de que dentro de 10 años tendría una familia; ya pasaron los diez años y no tengo nada.

“No sólo es una presión social, sino además una deuda conmigo mismo. Es algo que yo tenía proyectado”, dijo.

El Día del Amor y la Amistad para muchos es una fecha especial, para otros es una verdadera tortura. Así lo considera Jorge, quien no ha tenido la suerte de celebrar con una pareja.

“Odio el 14 de febrero, lo odio encarecidamente porque jamás he vivido un 14 de febrero”, añadió.

Explica que estos casi dos años que ha durado la pandemia ha complicado encontrar pareja, y a pesar de conocer chicas a través de apps como Tinder, no está dispuesto a arriesgar su salud por una cita.

Asegura que la pandemia también lo ha puesto a meditar sobre su vida y aunque sabe que actualmente muchas personas no quieren tener una relación formal, él está más convencido sobre su futuro y confiesa que de terminar soltero, sus deseos por formar una familia son más grandes.