El Senado brasileño inició ayer a las 10:00 horas locales, con una hora de retraso, la sesión plenaria que debe decidir si se abre el juicio político contra la presidenta Dilma Rousseff, quien podría ser apartada del poder si una mayoría de 81 senadores vota a favor.
La sesión terminaría “cerca de las cinco de la madrugada” de este jueves, por los discursos que presentarán 63 senadores. Al cierre de edición no se contaba con la determinación del pleno del Senado.
La sesión parlamentaria se alargó durante varias horas, ya que cada senador que lo deseara podía hablar hasta por 15 minutos, antes de una votación electrónica para decidir si se abre o se archiva el denominado “impeachment” a Rousseff.
El presidente del Senado, Renan Calheiros confirmó que Rousseff este jueves será notificada, en caso de que el “impeachment” siga adelante, y admitió que el juicio político es “largo, traumático y que no produce resultados inmediatos”.
Todas las encuestas señalan que ganaría el “sí” y, de esta forma, Rousseff será apartada de la presidencia de Brasil por 180 días, tiempo en el que debe ser juzgada en la cámara alta por un supuesto “crimen de responsabilidad” en el manejo de las cuentas públicas de 2014 y 2015.
Como ya sucediera en la votación de la Cámara de Diputados del pasado 17 de abril, cientos de policías fueron desplegados e incluso un muro metálico fue erigido en la inmensa explanada frente a la sede del Legislativo ante la posibilidad de que haya manifestaciones a favor y contra el juicio político.
El vicepresidente de Brasil, Michel Temer, que lleva semanas negociando su equipo de gobierno, asumiría en ese caso la presidencia a partir de mañana jueves, mientras Rousseff es juzgada en el Senado.
La oposición acusa a Rousseff de usar artimañas contables por medio de créditos de instituciones públicas para cuadrar las cuentas de 2014 y 2015, pero el gobierno de la presidenta niega irregularidades.











