La pirámide de Kukulkán, ubicada en la zona arqueológica de Chichén Itzá, en el Sureste mexicano, guarda aún muchos secretos que científicos mexicanos se han dado a la tarea de revelar.
El reciente descubrimiento de una segunda subestructura al interior de la pirámide, y el anterior hallazgo de que fue edificada sobre un cuerpo de agua, han abierto la posibilidad de profundizar sobre el periodo en el que vivieron los llamados mayas puros y su desaparición.
Chichén Itzá, hoy Patrimonio Mundial de la Humanidad, que se encuentra al norte de la Península de Yucatán es famosa por la caída del meteorito Chicxulub que se cree propició la extinción de los dinosaurios- fue fundada en el año 525.
Entre pozos de agua y cenotes, la ciudad conserva vestigios del avance que alcanzaron los mayas en arquitectura, diseño, matemáticas, y la medición del tiempo. Su mayor tesoro es la pirámide dedicada al dios Kukulcán -serpiente emplumada- asentada en una plancha de 55 metros y una altura de 24 metros.
En los años 30 se encontró una primera subestructura dentro de la pirámide, y en agosto de 2015 se descubrió que está construida sobre una oquedad: un cuerpo de agua o cenote, que de norte a sur mide 25 metros y en su parte más alargada 30 o 35, con una profundidad de más de 20 metros.
Después se planteó el interés, por parte de los arqueólogos, de saber si dentro de la pirámide, también conocida como El Castillo, existían más estructuras.
Así, el pasado 16 de noviembre, un grupo de especialistas de la UNAM y del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) confirmó la existencia de una segunda subestructura, gracias a una tomografía eléctrica tridimensional.
Utilizando esta tecnología diseñada por científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), jamás utilizada en otra parte del mundo, se pudo determinar que esta segunda subestructura tiene una altura de más 10 metros.
La investigadora del INAH, Denisse Lorenia Argote Espino, detalló que el “hecho de vislumbrar la presencia de está estructura nos estaría hablando de un asentamiento muy original, por decirlo así, de mayas puros”.
Detalló que “en el caso de los mayas puros, estamos hablando de un grupo social originario de la península de Yucatán sin influencias externas”. Esto significa que no tuvieron la influencia de las poblaciones del centro de México”.
Por su parte, el investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM, René Chavez Segura, explicó que este descubrimiento realizado a través de la tomografía eléctrica tridimensional, “es como las muñequitas matrioskas (rusas) de la grandota sacamos otra y otra y otra”.
Al respecto, la investigadora Argote Espino explicó que las culturas antiguas no destruían sus estructuras, sino que construían sobre ellas, porque son sitios sagrados.
Abundó que eran considerados “ejes cósmicos; son lugares en lo que los gobernantes o los sacerdotes estaban en contacto con los otros planos espirituales, por lo tanto no pueden ser simplemte destruidos”.
Respecto de la tecnología empleada, el responsable del proyecto, Chávez Segura, señaló que “una novedad es que utilizamos electrodos planos en una zona en donde no se puede clavar o hacer algún tipo de obra porque, se puede decir, que todo el suelo de Chichén Itzá es sagrado”.












