El hombre se escucha honesto: “Soy cristiano”, dice. Se acerca al anciano lesionado. “No se preocupe, yo pago todos los gastos”.
Gildardo Díaz Martínez, de 82 años de edad, caminaba por la peligrosa Calzada al Sumidero. “Ya no debería salir a la calle a su edad”, comentan los peatones. Pero caminar es vida para el octogenario, sentarse sería la muerte.
Cruzaba de oriente a poniente la vía referida. Ya había pasado el carril de sur a norte, pero cuando apenas ponía los pies sobre al carril de norte a sur, apareció una camioneta.
“No iba recio”, dice el conductor. Y probablemente diga la verdad. La palanca de velocidades de la camioneta marca Chevrolet color rojo, placas DB-22771 de Chiapas, quedó en segunda.
El anciano no vio a la camioneta, pues salía de una curva. Avanzaba de bajada y llegó en poco tiempo arrollando al transeúnte. “Él se aventó. Ya no pude evitarlo”, dice el conductor ante oficiales, curiosos y reporteros.
Paramédicos de Protección Civil Municipal acudieron al lugar. Valoraron al octogenario. Presentaba una herida abierta y sangrante en la frente. Fue llevado a la clínica Mavel.
Al lugar llegó el nieto de Gildardo. Cuando supo quién era el conductor que arrolló a su abuelo, lo miró con odio.












