El casco blanco, permanecía intacto al lado del cuerpo inerte, teñido de rojo. Sobre el pavimento quedó escrita con sangre, una historia trágica de apatía. El motociclista ignoró la ley. Atentó contra su vida.
La escena conmueve. La motocicleta marca Honda tipo Cargo de color vino con placas 3WPW3, estaba semi destrozada. Y sobre ella, abrazado, el motociclista.
Un macabro abrazo de Manuel Antonio López Mendoza, de 30 años, a su velocípedo con el cual recorría las calles de Tuxtla cada día, todos los días. Parecía aferrarse a la vida, pero la muerte los separó.
El joven, técnico de la empresa Telecabinas, circulaba de poniente a oriente sobre la carretera Tuxtla-Chiapa de Corzo.
Al entrar bajo el puente del tramo conocido como “El Trébol”, la motocicleta se orilló a la derecha, tras salir de la curva. El exceso de velocidad hizo que perdiera el control a Manuel y se salió del camino.
El velocípedo se estrelló en una de las columnas que sostienen el segundo piso del puente.
Presuntamente el joven no llevaba puesto el casco de seguridad. Su rostro dio contra la base de cemento. Se destrozó.
Un charco de sangre quedó sobre el pavimento, bajo la moto. Y sobre ésta, abrazado, Manuel.
Paramédicos del ERUM acudieron veloces para ver si el joven aun vivía. Pero ya había fallecido.
Decenas de curiosos se detuvieron para atestiguar la trágica escena.
Peritos de Tránsito Municipal arribaron para levantar la motocicleta y remolcarla al corralón.
También personal de Criminalística y Forense de la Procuraduría General de Justicia del Estado hicieron lo propio. Acordonaron el área, midieron, tomaron fotos y levantaron el cadáver.












