La súperluna no salió como lo esperaban. Estaba nublado. Incluso llovía. Desde allí comenzó mal el día. Y cuando llevaba a su hijo al kinder, su carro ardió. El motor quedó calcinado. Y siguió lloviendo sobre mojado.
Blanca Lilia abraza a su pequeño. El infante está asustado. Tiembla un poco de frío y de miedo. Es la mañana del día lunes 14 de noviembre.
Una llovizna pertinaz y una niebla generalizada hace el panorama más triste. Blanca se hace la fuerte y no llora. Piensa en su hijo que la observa. Pero motivos los tiene de sobra.
La efigie de la Diana Cazadora, fría y húmeda, más que de costumbre, fue testigo mudo del incidente.
Bomberos de la Estación Oriente se han marchado ya, en la vetusta unidad 15, que en su trayecto por poco se apagaba. El motor se ahogaba y se dificultaba el avance. Tras aplicar el extintor y sofocar las llamas retornaron a su base. Sobre el asfalto y el motor calcinado del auto quedaron huellas del las sustancia química.
Ayuda
El agente de Tránsito Municipal, David Vázquez Aguilar, acudió al lugar y amablemente brindó el apoyo a la agraviada.
Le ayudó a llamar al esposo de Blanca. Y pidió una grúa para remolcar el coche incendiado.
Blanca no sabe si llorar por la pérdida casi total de su coche o por la pena de ver al hombre hundido en las arenas movedizas de la maldad.
Ella conducía su auto marca Volkswagen tipo Pointer, color rojo, placas DPX-4285. Circulaba de norte a sur sobre el Bulevar Andrés Serra Rojas.
Luego de cruzar el semáforo en el Bulevar Ángel Albino Corzo, del cofre comenzó a salir humo. Detuvo la marcha frente a conocida tienda de telas. El fuego cundió. El motor fue pérdida total.
Por fortuna los bomberos estaban cerca y evitaron que el fuego consumiera la carrocería.
Blanca sacó a su hijo. Dentro del auto quedó su celular, su bolso de mano con dinero y documentos personales. Un grupo de personas se arrimó con el pretexto de ayudar.
“Aléjese señito, no vaya a explotar el carro”, le dijeron y la llevaron a la orilla. Mientras, los presuntos buenos samaritanos consumaban el robo. Se llevaron todo lo de valor que estaba en el coche.
Por eso el oficial tuvo que prestarle una llamada a la agraviada. Por eso Blanca no sabe si llorar por la súperluna anunciada que nunca salió, por el severo daño a su auto o por la maldad imperante en el mundo, en su país, en su estado, en su municipio, en su colonia, entre su gente.












