Llegaron silenciosamente y se metieron poco a poco como la humedad que genera el escurrimiento de sus camiones. Hoy se han convertido en un “cáncer” vial, emocional para los vecinos de dos colonias, en Tuxtla Gutiérrez. Los “areneros” se hundieron en las arenas movedizas de sus falsas promesas. Y nadie los mueve de allí.
Ayer iban a atropellar a dos niños que pasaban con su madre al regreso de clases. Hoy fueron groseros con dos jovencitas que obligadamente pasaron por allí. Mañana, quién sabe qué harán. Pero se han convertido en un daño continuo para peatones y automovilistas del fraccionamiento Los Olivos y colonia Arroyo Grande.
“Hacen más mal que bien”, dice Rosalinda mientras observa a los camiones Volteos cargados con arena, estacionados sobre la avenida Palmar 1 de la colonia Arroyo Grande.
“Me da miedo pasar por allí”, dice. Ella se refiere a la molestia continua de que la hacen objeto los libidinosos camioneros.
“Mamacita cuerpo de uva, cuánto quieres para que yo me suba”, es apenas uno de los “piropos” obscenos que los areneros lanzan a cuanta mujer pasa por allí.
Y todas las mujeres piensan como Rosalinda. Pero no hay otro camino. Y pasan, y sufren y se desgarran por dentro. Son laceradas poco a poco por el cáncer emocional que les provocan los groseros hombres.
A este temor se suma el de riesgo de atropello. Cada día, al salir de su “estacionamiento”, los camioneros no “espejean” ni se ayudan por algún compañero. Echan reversa y varias veces han estado a punto de arrollar a niños que regresan de la escuela, motociclistas o vehículos que pasan por la avenida Palmar 1, tras desviarse del libramiento Sur.
La avenida es reducida, y al ser de doble sentido, con los camiones que invaden la vía queda apenas un pequeño espacio para circular.
Para los que salen o entran a la calle Aceitunas, es muy peligroso porque los camiones parqueados en ambos lados de la calle, a veces en boca calle, tapan la visibilidad.
Esta misma calle (Aceitunas), de terracería, también ya fue invadida. Allí se quedan o dan vuelta. Al ser de terracería, han dañado ya muchas tuberías de agua potable o drenaje.
Y no pagan los daños. Son los colonos quienes absorben gastos de hasta 600 pesos para la reparación “particular”, porque el SMAPA no atiende las quejas.
Los vecinos solicitaron a Tránsito Municipal colocara señalamientos restrictivos. Y se hizo. Pero los camioneros lo invalidaron. Incluso arrancaron los discos.
Recientemente hubo patrullajes por la zona. Dos veces, patrullas de Tránsito y Vialidad Municipal arribaron para “poner orden”.
Y se fueron al poco rato sin mover ni infraccionar a un solo camionero. Les dieron “para el refresco”, dijo una vecina que observó el arreglo entre ambas partes.
Y el “cáncer” sigue creciendo. Los colonos, niños y mujeres, sufren al ver que este mal se convirtió ya en “inoperable”.












