El hombre toca el cofre del auto, cuya facia y cofre están abollados. El parabrisas luce roto en el lado derecho. El automotor embistió a un peatón. Policías increpan al extraño. “¿Es de usted el auto? ¿Usted conducía?”. El hombre mueve la cabeza, negando ambas preguntas. “¡Entonces márchese!”.
El vehículo marca Suzuki tipo Swift, color vino, placas DRR-6669, de Chiapas, está detenido. El motor apagado, pero las luces de ambos faros delanteros, encendidas.
A un lado, por la portezuela derecha, una mancha enorme de sangre coagulada. Es, al parecer, del automovilista. También podría ser del peatón atropellado.
La mente de los policías municipales y del Mando Único de Chiapa de Corzo está tenebrosa, como la noche misma. Llegaron un poco tarde al lugar. “Hallamos el carro abandonado. La ambulancia ya se había llevado al atropellado”, reconocen.
Por eso cuestionan al hombre extraño que llega y comienza a revisar el auto.
Seguro es un familiar del automovilista, quien le habló por teléfono y le pidió que fuera por su coche.
Tras ser movido del lugar, el hombre que viste pantalón oscuro y camisa blanca, manga larga, se aleja hacia la orilla, pero no del lugar. Y dialoga con los policías en lo oscurito.
La ambulancia del ERUM se ha llevado ya al peatón atropellado, al Hospital Gilberto Gómez Maza. Al parecer salía de la tienda mayorista de abarrotes “Coma”, dijeron testigos.
El golpe fue muy fuerte, pero no mortal. eso es lo que se espera. El transeúnte tuvo fortuna. Los dos anteriores atropellados un poco más adelante, la semana pasada, perecieron al instante.
El auto, los policías y el hombre extraño se quedan en el lugar en penumbras.
Los faros encendidos del auto se van debilitando. La batería está por agotarse. Y la grúa no llega. “Ojalá llegue la justicia”, comentan curiosos.












