Atropellado buscaba apagar su sed

Atropellado buscaba apagar su sed

Dentro de la cantina sonaba a volumen elevado la canción El problema, de Arjona. Afuera, un hombre estaba en problemas, había sido atropellado; Lo peor vendría después.

“Sí mi poli, fue un colectivo de la ruta 28, parece que la 09”, dice la joven en tono seductor. Más que informar al oficial, parece que la mujer tiende sus redes, el agente lo detecta y sonríe.

Sobre el asfalto, un hombre se queja. Tiene sangre en el brazo izquierdo. Policías y curiosos lo rodean. La sirena de la ambulancia se oye a lo lejos y conforme se acerca la unidad, se aproximan más curiosos. Y también se acerca más la mujer seductora al oficial, quien intimidado vuelve a sonreír.

Los paramédicos de Protección Civil Municipal valoran al lesionado. “Tiene suerte este compa”, dicen. “Casi todos los bolos tienen suerte”, secunda el oficial.

Es que Juan Carlos Domínguez Zenteno está ebrio. Dice tener 38 años de edad. “Todavía”, asegura al paramédico que le pregunta sus datos.

Primero se considera “pollo”, pero luego recapacita y añade: “Ya toy viejo, vea”.

Agrega que vive en la Avenida Chiapas de la colonia Las Granjas, y confiesa ser albañil. Construye casas, pero no sabe cómo edificar un sólido hogar.

Llegó a la cantina llamada El Bombero, ubicada en la 9a Sur, entre las calles Pensil y Oaxaca, de la colonia Santa María La Ribera. De ahí salía cuando fue embestido.

El nombre El Bombero es porque cerca de allí está la estación oriente de los “traga humo”.

Pero también hace alusión a la ardiente necesidad de cientos, miles, o quizá millones que buscan apagar la quemante sed interna, con el alcohol.

Es que el peregrino que cruza por el árido desierto de la vida, busca desesperado un poco de agua para mitigar la insaciable sed del alma, y en su espejismo cree que el alcohol es mejor que el agua. Y al final resulta ser un áspid, que muerde y causa dolor.

Como el dolor físico agudo, que ahora Juan Carlos siente, tras ser embestido por el colectivo “fantasma”.

Y la mesera que minutos antes tal vez fue amable y seductora, mientras Juan era cliente, ahora lo ve desde lejos, con desdén e indiferente. Juan está lejos de casa; pero la mesera está cerca, muy cerca del oficial, quien coqueto presenta a la mujer con sus compañeros. “Es una amiga”, dice.

Bastaron 10 minutos para hacer una amistad, y cuando el oficial se despide, tropieza.

“Caete pué papasito, te levanto a besos”, dice en tono sensual la joven. Es una “bombera”, que en vez de apagar fuego, lo enciende.

La canción de Ricardo Arjona El problema, terminó; pero para Juan el problema apenas empieza.

Y para el chofer de la unidad 2809, puede que al día siguiente también le surja un problema al ser detenido. El problema no es problema; el problema es que les guste.