Cadete da en el blanco

Los ojos están fijos en el objetivo. No le tiembla el pulso. Avisaín Alegría / CP
Los ojos están fijos en el objetivo. No le tiembla el pulso. Avisaín Alegría / CP

Las manos femeninas se aferran firmes a la pistola. Los ojos están fijos en el objetivo. No le tiembla el pulso. Presiona de modo uniforme el disparador y da en el blanco. Ella es una cadete. Futura policía. Está siendo instruida en el  stand de tiro virtual.

A paso veloz, los cadetes suben por las gradas que comunican al Instituto de Formación Policial con la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. El primero forma parte del segundo. Trabajan de manera entrelazada.

Los cadetes dan varios pasos para subir las gradas, literalmente, al igual que los dan en su proceso de formación antes de salir a la calle con la misión de proteger y servir policías de la SSyPC.

Las clases terminaron. Aprendieron teoría sobre el uso racional de la fuerza, la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos, así como las partes técnicas de armas de fuego.

Ha llegado la hora de la verdad. Lo aprendido en el aula deberá ser practicado. Están nerviosos. No es lo mismo la teoría y la práctica.

El instructor les ha enseñado con antelación cómo tomar el arma, a pararse, cómo utilizar los rangos de puntería, a presionar el disparador. También les enseñó control de respiración para un mejor disparo y puntería.

En el cuarto a media luz, se observan 5 pantallas y 5 proyectores. También hay dos cámaras para ver el posicionamiento y  la guardia que toma el cadete.

Asimismo hay 10 sensores, 5 para detección de disparos y 5 para detectar la linterna del arma, que se activa en caso de que el escenario sea nocturno.

No es una arma, si no cinco las que deben utilizar en la prueba: cuatro armas cortas y una larga que funcionan con un kit de retroceso.

Llega el turno de la única mujer en el grupo de cadetes. Pero se muestra serena. Cierra el ojo derecho, apunta. Ha escuchado historias de policías que dicen que “donde ponen el ojo ponen la bala” y desea ser uno de ellos.

Activa el disparador y da en el blanco. Justo en el pecho de la silueta virtual fija. La distancia es de 10 metros. El  polígono de tiro se va aumentando de 2 a 29 metros, dependiendo de la capacidad de aprendizaje del alumno.

Por hoy la sesión ha terminado. Pero el proceso continuará luego, en otro escenario: en el campo de tiro real, con armas y balas de verdad.

“El simulador de tiro  tiene muchas ventanas, es como si el cadete disparara con un arma real, cuenta con cargas de CO2, con un retroceso de un arma real”, explica el instructor.

Con este método el instructor puede estar pegado o de frente al cadete, para ver en qué está fallando. Además, las cámaras captan si el elemento está distraído o nervioso.

También se ahorra balas; cuando se llega al campo de tiro real, se aprovechan esas municiones mucho mejor, porque el elemento ya va entrenado, dice el instructor.

Y es que mientras en el stand de tiro el cadete dispara de 100 a mil veces, en el campo de tiro real solo se detona el arma unas 15 veces, en promedio.

El policía también se pone nervioso porque en el campo virtual puede recibir una “ráfaga”.

Sí, es que dentro de los 800 escenarios del stand de tiro virtual, se activa una réplica de AR 15 que se activa disparando balines cuando el cadete falla su disparo.

La cadete sale del stand de tiro. La tabla de control que contabilizó los disparos le favorece. Está aprobada.

Ella dio en el blanco. También acertó el instructor. Y sobre todo, ha dado en el blanco la SSyPC que la reclutó.