“Jesús”, exclamó. Y no se refería a sí mismo, aunque lleva el mismo nombre. El camionero clamaba a un ser divino, porque no había poder humano que frenara el camión que avanzaba de bajada en la carretera Copoya-Tuxtla. Un segundo para tomar una decisión. Y el clamor tuvo respuesta. El camionero eligió chocar contra un poste de concreto.
Jesús Cruz Gutiérrez conducía el camión tipo Volteo, color azul, marca Ford, con placas 8CNB109.
Luego de llevar un viaje de arena, el camión retornaba a la capital chiapaneca. Pero faltando 300 metros para llegar a las boyas metálicas instaladas frente al colegio “La Paz”, el pedal del freno se fue al fondo.
Jesús palideció. Sabía que estaba sin freno. Sabía que se acercaba una curva y poco después el Libramiento Sur. El accidente sería terrible si atropellaba a alguien o chocaba contra un auto o varios.
Un solo segundo para decidir. Y la luz brilló en su mente. Luego de exclamar “Jesús”, el camionero viró el volante a la izquierda, hacia la orilla del camino, donde estaba un poste de concreto.
Y se estrelló. El cerro de tierra completó la tarea para frenar al Volteo.
El camionero de golpeó. Pero no quiso ser valorado por paramédicos.
Peritos de Tránsito Municipal acudieron para remolcar el camión a un corralón particular. Estaba semi destrozado.
Jesús, a pesar del golpe y la pérdida, estaba agradecido con el cielo. No provocó daños ni lesiones a terceros.












