A sus 76 años parece frágil, pero tiene una fuerza de voluntad indomable. La sustenta una inquebrantable fe. Ha luchado contra viento y marea. La crisis económica golpea su embarcación, pero la sortea trabajando duro. Fabrica y vende piñatas. Solo hace falta que se la compren. Tú y yo podemos ayudarla. Carmen espera respuesta a su clamor.
“Papá Dios no me deja”, dice y se enjuga las lágrimas que asoman por sus ojos. Uno luce rojo y el otro blanquecino. La glaucoma comienza a robarle la visión.
Suspira para cortar el flujo lagrimal y entera sonríe. “Gracias por venir”, me dice. Transpira humildad.
Descalza, con un delantal que cubre su vestido desgastado, para no mancharse, Carmen Liévano Domínguez, de 76 años, nos recibe en el local que amablemente le facilita un hombre.
Una piñata a medias luce colgada afuera, sobre la calle Pino Suárez número 796, entre las avenidas Benito Juárez y 20 de Noviembre, en la colonia Bienestar Social.
“Hace tres años que vivo aquí. El hermano que asiste a la iglesia Monte de Sión me presta el lugar. Solo pago luz y agua”, aclara.
Dormía y comía en el suelo. Ya compró su cama y una mesa de pino.
“Nunca me casé, no tuve hijos. Crié tres. Dos me pagaron mal y este es el único que me ayuda”, dice señalando al muchacho.
Adentro, Leonardo ayuda en lo que puede. Hace los moldes. Carmen da la forma y detalles a las piñatas.
En una esquina lucen cuatro piñatas. Una de Supermán y otra de Pepa Pig. No hay más porque hay poca demanda y mucha competencia.
Pocos compran las piñatas de Carmen. Apenas vende una por semana. Las da en 80 pesos (las de globo) y a 100 y 120 pesos las de olla de barro.
“Tengo más modelos”, dice Carmen y enseña el catálogo. Tiene a Bob Esponja, Cenicienta, Capitán América y otros.
Pero el personaje que llena su vida, aunque no lo hace en piñata, es Jesús. Ella se congrega en una Iglesia Pentecostal.
Y su fe en Dios la ha sostenido. “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia y lo demás será añadido”, dice citando San Mateo 6:33.
“No sé leer, pero aprendo muchos versículos”, cuenta.
“Dios sabe de mis necesidades. Cada día pongo a Dios en primer lugar y en su nombre empiezo a trabajar. No me ha faltado comida. La otra vez llegó a la iglesia una mujer desconocida, me llevó una despensa. La compartí con otra mujer más necesitada que yo”, narra.
Mira el pequeño local de tres metros de ancho por ocho de largo. Observa a Leonardo y otra lágrima asoma por el ojo enrojecido.
“Yo ya estoy de salida. Pero al menos quisiera dejarle algo a mi muchacho. Cómo he soñado por una casita. Solo Dios sabe si el gobierno se tocará el corazón y me apoyará”.
Carmen supo de la nota publicada en Cuarto Poder del programa Cuartos Rosas y estira la mano de la fe para tocar aunque sea el borde del manto del gobernador Manuel Velasco.
Carmen tiene familia, pero como si no la tuviera. La desprecian por sus creencias. Hace cinco meses la operaron (Seguro Popular) y nadie de su familia la cuidó. Leonardo estaba incapacitado por un atropello.
La entrevista concluye. Se cierra la puerta del local, pero se abre una oportunidad de ayudar. Carmen espera tu visita. Te llevarás una piñata hecha con amor y esperanza, pero sobre todo la satisfacción de haber ayudado a una mujer cuya fe ha movido montañas.
para ayudar
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Carmen no tiene celular. Espera tu visita en su local sobre la calle Pino Suárez número 796, entre las avenidas Benito Juárez y 20 de Noviembre, en la colonia Bienestar Social.












