“No sé qué me pasó, si venía yo bien, jefe”, dice el joven que intenta disimular su estado etílico, pero su aliento lo delata. Rescatistas del recién creado grupo ERECH llegaron en un minuto. Estaban a 50 metros del percance.
Faltan pocos minutos para la medianoche. Ya casi se ha ido el sábado, pero aún no llega el domingo.
Y así de indecisa es la vida del joven, que fluctúa entre el bien y el mal, entre el deber y el placer, entre la razón y la pasión.
Ni él mismo se explica lo que pasó. No puede saber por qué actúa así. Es que el corazón humano es engañoso, un océano insondable. Un santo un momento y al otro, un demonio.
“Venía yo bien”, dice. Y es cierto. Iba bien, sobre la carretera, pero en una curva perdió el control por ir a exceso de velocidad.
Y de forma similar, simbólicamente el mismo joven, al igual que millones, va por el camino, pero se salen a menudo y vienen los accidentes.
El auto del joven, un Sentra gris, placas DSE-2043, iba de oriente a poniente, sobre el Libramiento Sur. Justo en la curva donde entronca con el Libramiento Norte, frente al Parque Chiapasiónate, el coche se salió del camino, chocó contra la guarnición, el camellón central, un árbol y rebotó hacia el otro lado. Quedó a centímetros de irse hacia abajo.
Elementos del Escuadrón de Rescate y Emergencias de Chiapas (ERECH), de reciente creación, acudieron de inmediato a prestar el auilio.












