Corrió con una bala en el abdomen

Corrió con una bala en el abdomen

“Ese chavo los tiene bien puestos, neta. Corrió como si nada, aun con el balazo en la panza”. Es Brayan quien habla, interrogado por el perito de la PGJE. Está contra la pared, literalmente. Dice ser el acompañante del herido, pero algunos lo ven como sospechoso. El otro joven fue baleado por resistirse a un asalto en Tuxtla.

“Écheme la mano jefe, neta que no tengo nada que ver”, insiste Brayan Velasco, de 23 años. Delgado, ebrio y probablemente drogado, su vocabulario es abundante en palabras obscenas.

Maldice al que hirió a su amigo, Ricardo Gómez Montejo de 21 años, con quien estuvo embriagándose en el bar “Camarón loco”. Fue un error caminar así, por el andador del río Sabinal, oscuro y solitario.

“Íbamos por allá, cerca, cuando detrás de un arbolote nos salió ese vato, chaparro, de camisa blanca y pantalón de mezclilla. Sacó su fusca (pistola) y nos pidió el cel (teléfono). Ni madres que se lo dimos. Mi cuate se jaló y yo iguanas (igual)”.

Al ser interrogado de nuevo, Brayan difiere un poco en su relato, dice que primero el ladrón les exigió el celular, luego sacó su pistola y que salió detrás de un portón. Coincide en que corrieron ambos. Luego se oyó un balazo. Ricardo fue herido en el abdomen. Aun así corrió.

“Llegamos aquí (3ª Oriente y 7ª Norte) paré un taxi y le pedí nos hiciera el paro”, agrega.

En efecto, el taxi tipo Tsuru, con número económico 3583 se encuentra en el lugar. Al ver herido al joven, el taxista no lo subió, mejor llamó al 066.

Acudieron policías estatales y municipales. También paramédicos de la Cruz Roja, en la ambulancia 619.

Ricardo fue llevado al Hospital Gilberto Gómez Maza y Brayan a declarar, a pesar de sus ruegos lastimeros “écheme la mano jefe”.

En el lugar quedaron la mochila, la gorra y la playera de Ricardo, con manchas de sangre. Ya no llegó a su casa en la colonia Shanká. Fue su madre la que acudió a él, tras ser notificada.