Danza y protege, con pasión

Danza y protege, con pasión

Se quita la máscara, sonríe por la satisfacción de haber participado activamente en la Fiesta Grande. De repente una lágrima asoma. “Es que no uno sabe si vivirá el próximo año, para volver a danzar”, dice. Es parachico de Chiapa de Corzo y es policía de la SSyPC.

Ataviado con su uniforme azul y blanco, parado en entrada de la colonia Chiapa de Corzo, a 20 metros del Monumento a la Chiapaneca, el agente de Tránsito del Estado da la bienvenida a los visitantes. Unos conos fosforescentes desvían la circulación hacia la periferia. “Es un operativo de seguridad vial para proteger a los parachicos y a ustedes”, les dice el oficial a los automovilistas.

Horas después, el leal servidor público se dirige a La Pila. “Bienvenido amigo turista, esta es la fuente colonial ubicada en la plaza central de nuestro municipio, fundada en 1562, para dotar de agua al pueblo de Chiapa de Corzo”, dice en tono enfático.

Niños y jóvenes se colocan de espaldas a la pila, lanzan una moneda y piden un deseo. Algunos dicen que se les han cumplido sus peticiones.

El policía de Tránsito Estatal sigue su recorrido y llega a la Iglesia de Santo Domingo de Guzmán, fundada en 1554. Ahí llegan los parachicos a celebrar la misa por el cambio del prioste de San Sebastián Mártir.

El oficial muestra el sendero de calles empedrada. “La seguridad en esta zona estuvo a cargo de la policía de Fuerza Ciudadana”, dice.

Sus pies calzados con zapatos bien lustrados, lo llevan al malecón de Chiapa de Corzo, donde cada 21 de enero se lleva a cabo el combate naval, que evoca las batallas de la Heroica Chiapa de Corzo. Ahí la seguridad estuvo a cargo del grupo UROA de la SSyPC.

En el recorrido no puede faltar el sitio donde se vende pozol de cacao en jícara, paso obligado de los parachicos hacia la iglesia de Santo Domingo, paso obligado de los turistas.

Finalmente llegamos a la calle por donde llegarán danzando los parachicos hacia la casa del prioste de San Sebastián, donde la seguridad vial estuvo a cargo de Tránsito del Estado y Municipal.

“Es un orgullo dar seguridad a mi pueblo natal y en estas fechas vivo con pasión mis tradiciones”, manifiesta el policía de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

Sus manos tiemblan de emoción al tomar el sarape, el chin chin, la montera, elige una máscara de las 10 colgadas. “Me lo inculcó mi papá, desde niño”, sostiene emocionado.

“La emoción la siento en mi corazón, se me enchina la piel cada que llegan estas fechas, y en especial el 15 de enero, para poder bailar”, agrega.

La algarabía, el júbilo y la pasión de la Fiesta Grande se apagaron ya, con la última actividad: el desfile de los carros alegóricos.

El interruptor se bajó. Todo tiene un principio y un final. Y por esta vez la Fiesta Grande llegó a su fin.

Jaciel Mundo está satisfecho por haber servido como policía al dar seguridad a sus paisanos y a los turistas. Está feliz por haber danzado como parachico. Y mientras se quita el atuendo, al retirar la máscara, una lágrima asoma a sus ojos.

Es que la realidad de la temporalidad le recuerda su paso peregrino por la vida. “El parachico llora tras la máscara de madera cuando llega la despedida. Porque no sabe si estará vivo el próximo año para poder danzar”, concluye.

Por lo pronto se propone que con la misma alegría y pasión con que danza, seguirá cumpliendo su consigna en la SSyPC: proteger y servir a la sociedad.