Donde ponen el ojo ponen la bala

Donde ponen el ojo ponen la bala

Ante la gente son los “azules” o la “tira”. Muchos ven el uniforme, pero a menudo ignoran lo que hay detrás de él: Toda una gama de disciplina, entrega y vocación de servicio. He aquí una breve semblanza durante la práctica de tiro.

Con postura gallarda, mirada fija al horizonte, Jorge Paul Gómez León, dice que desde hace 16 años es el encargado del depósito de armas y municiones en la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

Uno a uno va entregando las armas de cargo para cada elemento. Y enfilan hacia el antiguo aeropuerto Llano San Juan, donde se encuentra el cuartel general de la Policía Estatal. Ahí está el campo de tiro. Todos se ven tranquilos.

Para ser un buen tirador se requiere ser disciplinado, tener fuerza en los brazos, aprender a controlar la presión necesaria con el dedo sobre el disparador, y sobre todo la respiración.

Todos se forman en dos líneas. El comandante grita:

-Tiradores ¿listos?

-¡Listos!

Y comienza a dar la orden para el primero, segundo… sexto disparo.

-Dedo fuera del disparador –Grita al final.

El comandante dice que el trabajo con el grupo es disciplinado, apegado a una rutina de trabajo.

Todos los elementos operativos son entrenados para acciones de seguridad o bien para eventos deportivos, alguno de carácter nacional como los Juegos Nacionales Policiales.

El acondicionamiento físico diario consiste en un calentamiento (trote por 15 minutos), sentadillas, lagartijas, abdominales, mancuernas para fuerza en brazos y hombros.

El fogueo consiste en un disparo, a una silueta humana con tres números (7, 8 y 9) hacia el norte, sur oriente y poniente.

Y casi todos los impactos de precisión, son muy acertados en la primera oportunidad.

Una bala u ojiva de calibre 9 milímetros viaja a una velocidad de 350 metros por segundo.

Algunas veces se usan siluetas concéntricas o de botella, con distancias de 5 a 300 metros.

-Atención disparadores; abastecer el cargador con tres cartuchos, insertar el cargador, apuntar el objetivo; tres disparos sin límite de tiempo –Se oye de nuevo la voz del comandante.

Los policías usan tapones en los oídos para la práctica de tiro. Una detonación de arma de fuego puede alcanzar un nivel de 190 decibeles. Puede causar lesiones al oído, incluso la pérdida de la audición.

Los elementos verifican que no haya casquillo o cartucho en la recámara de la pistola, bajan la palanca de la corredera y el arma, ponen seguro y enfundan. Por hoy acabó la práctica de tiro.

En corto, dijeron que aunque se ven tranquilos, en el fondo se siente la adrenalina.

Los agentes reconocieron que esta serie de praxis se derivan de las gestiones que realiza a diario su comisario general Jorge Luis Llaven Abarca, para que nunca les falte su herramienta de trabajo y capacitación.