Durmiente a la vera de transitado camino

Durmiente a la vera de transitado camino

Algunos dicen que es un loco suicida. Otros, que está buscando que alguien le pague pensión en caso de que lo arrollen. Lo cierto es que busca un poco de paz. Pero lo busca del modo y en el lugar equivocado. Se acuesta en el túnel del paso a desnivel, en Tuxtla Gutiérrez. Los autos pasan a centímetros de él.

Tal vez nunca escuchó la canción de Miguel Aceves Mejía, titulada La cama de piedra, pero vaya que la vive en carne propia.

Cada día, se duerme en un duro y frío piso de cemento. Como almohada, utiliza una piedra.

Lo hace en el lugar menos indicado: La 1ª Norte, entre 1ª Poniente y Calle Central de Tuxtla Gutiérrez. Por ratos es un sitio silencioso, oscuro y tranquilo.

Pero el solemne manto de la quietud es rasgado por el repentino rugir de un profano colectivo o taxi que pasa veloz. Un claxonazo, corona de espinas, completa el calvario del hombre ávido de un poco de paz.

Pero cierra los ojos, se sumerge en su oscuro mundo y trata de soñar. En el mundo externo, le han cerrado toda oportunidad. No es un indigente aún, pero está a nada de serlo.

Por eso prefiere dormir, para huir de la realidad pesarosa y lastimera. Y busca asiduo construir sus castillos, con materiales menos duros que la piedra que le sirve de almohada, menos duros que la cama de cemento… menos duros que los corazones de sus congéneres.

Y se deja caer en un limitado espacio de 40 centímetros. De un lado la pared. Del otro, la avenida transitada por veloces autos.

Moverse y caer equivale a un mortal atropello. Lo sabe. Pero parece no importarle. No se atemoriza. Y reincide.

Los autos particulares pasan precavidos. Los de transporte público, temerarios, agresivos.

Algunos dicen que es un loco suicida. Otros, que está buscando que alguien le pague pensión en caso de que lo arrollen. Lo cierto es que busca un poco de paz. Pero lo busca del modo y en el lugar equivocado.