El guardián del depósito de armas

El guardián del depósito de armas

Sus manos son firmes, rasposas, pero cuando pasa sobre las culatas de las armas largas parece acariciarlas. Ama su trabajo. Se apasiona. Es el encargado del depósito de armas en la SSyPC. Y sus dedos hábiles, además de tejer hamacas, adornan los cascos policiacos de sus compañeros. Necesita 19 brazadas de hilo doble, paciencia y mucho amor, dice.

Hay cinco canutos de hilos sobre la mesa. La mano derecha del hombre va recorriendo el espacio entre los tubos con hilo color rosa, café, amarillo, morado, rojo. Se detiene en el café.

Lo toma, levanta la punta y hace un nudo alrededor del poste de madera.

Le da tres vueltas y comienza el ritual casi sagrado del tejido. Comienza su creación. En unas horas nacerá una bella hamaca.

“Hay que tener amor y paciencia”, dice el tejedor mientras sus dedos comienzan a tejer. Lo dicen sus labios, pero lo confirman sus hechos. Feliciano Zárate Flores ha aprendido a tener amor y paciencia en lo que emprende. 

Aunque el reportero no lo pregunta, en si mirada hay inquietud por saber el motivo de las palabras del tejedor. La paciencia es clara. Pero… ¿y el amor?

Feliciano intuye la duda. Y la responde amable.

“Algunos, durante una plática en hamacas se han enamorado.  Otros se enamoran de las hamacas porque de la vista nace el amor”.

El comunicador sonríe por la explicación. Feliciano ensarta la aguja de madera entre los hilos, mientras agrega que hay muchos tejidos, de varios estilos:  la de agüita, la de petatillo. Unas hamacas pesan 6 kilos, otras 8, 10 kilos y hasta 13.

“Según el tamaño y el tejido de la hamaca es el precio”, dice Feliciano, quien gusta de innovar, experimentar. Siempre ensaya nuevos tejidos y nudos. Acaba así con la rutina, antes que la rutina lo aniquile a él.

El diálogo es fluido y el tejido, también. Cuando termina la entrevista, acaba también la jornada. La hamaca ha nacido.

Feliciano la cuelga, se acuesta. Es para probarla, pero también para descansar, celebrar su obra.

Luego de un merecido descanso, lanza un suspiro. Y mientras nos enseña su milpa y su calabazal, confiesa que es originario de Oaxaca. Pero se siente chiapaneco. Durante 10 años y medio fue militar. Estuvo destacamentado en Ocosingo y se dio de baja en el Ejército, porque se enamoró de Chiapas.  “Aquí conocí a mi esposa, aquí tuve mis hijos”, agrega feliz.

Y enamorado de Chiapas, decidió proteger y servir a los chiapanecos. Por eso se integró a la Policía Estatal Preventiva.

Su trabajo en la SSyPC

Actualmente es el encargado del depósito de las armas. “Una gran responsabilidad, hay que tener mucho cuidado, ser celoso del servicio”.

Ya con el uniforme, en la instalación de la Base Satélite, sus dedos recorren una a una las armas largas. Cada una tiene una matrícula y en cada una de ellas se imprime un dato específico de arma, para un mejor control. Su mente graba esos datos y sus ojos ágiles corroboran cada detalle.

“Me siento muy bien, orgulloso de mi trabajo”, dice. Luego de verificar las armas, toma un casco y comienza a forrarlo con una malla tejida por él mismo. “Lucen bonitos con las mallas, a mis compañeros les gusta”, añade. Y eso es su mejor pago.

“Son unos nudos, necesito 19 brazadas de hilo doble; me nació la idea un día,  me gusta y a mis compañeros también”.

Así termina un día en la vida de un hombre que ama a Chiapas, y que con paciencia sirve y protege a través de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.