Ella no sabe que papá ya se fue al cielo

El cuerpo del policía Albert Hernández Clemente, asesinado de manera cobarde por indígenas tsotsiles, fue trasladado al Semefo de Tuxtla Gutiérrez. Amir Hernández / CP
El cuerpo del policía Albert Hernández Clemente, asesinado de manera cobarde por indígenas tsotsiles, fue trasladado al Semefo de Tuxtla Gutiérrez. Amir Hernández / CP

Tiene apenas tres años. Es una niña. A veces se escapa de las manos de su madre, afuera de las instalaciones del Servicio Médico Forense (Semefo), en cuyo interior yace el cuerpo de su padre, el policía Albert Hernández Clemente, conocido por sus compañeros como “Clemente”.

Son las 10:00 horas del sábado. No hace calor, está nublado, el viento sopla quedo; así es el clima de otoño.

Camina y corre muy cerca de mamá. Juega con su propia sombra y sonríe. Su alegría jamás se apaga. Eso sí, siempre bajo la mirada protectora de su madre, quien ahora la criará sola, porque su padre se ha ido al cielo y jamás volverá. Una bala le segó la vida la madrugada del sábado en la autopista Tuxtla-San Cristóbal.

Fue una bala de tantas que dispararon los chamulas con “cuernos de chivo”, enardecidos porque les detuvieron a uno de los suyos, Manolo Rodríguez Ordóñez, uno de los presuntos responsables del cobarde asesinato de dos jóvenes inocentes, a quienes luego de acusarlos falsamente de robo de vehículos, los torturaron, golpearon y quemaron vivos en San Juan Chamula.

Son las 12:00. Por el momento no ha preguntado por su papito, como ella le decía al jefe “Clemente”, con quien jugaba, quien la abrazaba y quien la besaba. Era su princesa.

Ya es mediodía, es llamada por su madre, se acerca y es abrazada por ella, quien voltea hacia la entrada principal del Semefo, donde ve a un compañero de su esposo gritar: ¡que pasen los de la funeraria! Ya es hora de llevarse el cuerpo.

Son las 12:30. El viento ya es más fuerte, aunque predomina el silencio. Ella sigue en brazos de su madre. No sabe lo que pasa.

No sabe lo que pasa

Las dos suben a una patrulla de la Policía Estatal Acreditable; arranca y se van rumbo a la funeraria para ofrecerle los honores fúnebres al jefe “Clemente”. Atrás va otra patrulla similar.

“Era joven, tenía menos de 30 años -comenta el comando, así le dicen al comandante que hace la logística para ayudar a la viuda-. Ahí van su mujer y su hijita. Esta es la vida del policía, a veces así fenece”.

En el asiento trasero de la camioneta va ella con su madre, abrazada y sentada sobre sus piernas. Tiene apenas tres años. Es una niña. No sabe lo que pasa.