La poca familia que le queda a Magdalena Vázquez solicita la solidaridad de la ciudadanía para apoyar con dinero en efectivo para los cuidados y estudios que se requieren en el diagnóstico correcto y así pueda ser tratada.
La opinión médica aún no se pone de acuerdo acerca del o los padecimientos que aquejan a esta señora de la tercera edad internada en una clínica del Instituto de Servicios y Seguridad Social de los Trabajadores del Estado de Chiapas (ISSSTE).
Magdalena Vázquez es diabética desde el año 2000, enfermedad degenerativa que ha ido sobrellevando con dietas, ejercicios y medicamentos, pero en el año 2008, debido a que tenía piedras en la vesícula, este órgano le fue retirado.
Desde entonces su hígado recibe el impacto de los medicamentos que ingiere para la diabetes, por lo que hace un par de años se le diagnosticó hígado graso. Además de los padecimientos mencionados, también sufre gastritis crónica.
Ella es una señora de 64 años de edad. Vive con su esposo y su hija mayor. Aunque los tres trabajan, perciben escasos ingresos económicos porque se dedican principalmente al comercio de artículos de bajo costo, y no pueden dedicarse a otra actividad porque tanto ella como su esposo son adultos mayores sin estudios.
La señora trabaja mucho, tanto para mantener la casa como dentro de ella. Cuando se enferma no puede pasar en reposo apropiado su convalecencia, por eso, cuando el pasado 2015 tuvo chikungunya, recayó al poco tiempo, posteriormente, al parecer contrajo zika, enfermedad por la que también recayó debido a que no le era posible quedarse en cama.
Hace un par de semanas, sin haber salido completamente del zika, empezó a manifestar de nuevo síntomas como fiebre, vómito, dolores de cabeza, de vientre (en el cual también presentó inflamación) y severo agotamiento que le impedía caminar.
Entonces le recetaron medicinas y descanso, pero no pudo descansar debidamente. Además, las medicinas fueron demasiado agresivas con su hígado y gastritis, por lo que recayó vertiginosamente, manifestando de nueva cuenta, fiebre, dolores, inflamación en el vientre y vómito, en promedio ocho veces al día.
La severa deshidratación que presentó requirió de nuevo la visita del médico, que le recetó dos sueros, uno de ellos vitaminado, pero resultó que este último, por contener vitaminas y glucosa, al administrársele, le “disparó” la diabetes y todos los síntomas se complicaron, por lo que fue finalmente trasladada a la Clínica Dr. Roberto Nextel Flores en Tapachula.
Ingresó de urgencia y tras dos días los médicos finalmente pudieran sacarla del estado crítico en el que la recibieron. El vómito cesó luego de 48 horas de no haber podido retener nada en su cuerpo.
La inflamación en el hígado y el riñón también disminuyeron simultáneamente, pero persistieron síntomas como dolores de cabeza y la debilidad que sentía en las extremidades inferiores dio paso a una inmovilidad total que le impide hasta la fecha poder caminar, tenerse en pie, e incluso estar sentada. No puede ir al baño, la atienden en su cama del hospital, donde también la asean.
Se le realizaron todo tipo de estudios para determinar su mal, desde tomas hemáticas hasta ultrasonidos, radiografías y una tomografía, pero ninguna arrojó resultado y los padecimientos persisten.
Magdalena no puede ni dormir a causa de los intensos y permanentes dolores que sólo se calman cuando está siendo medicada, pero sin desaparecer. Sus índices de glucosa tampoco bajan a pesar de que no dejan de administrarle insulina. Descienden un poco, pero luego vuelven a elevarse.
La han visto hasta el momento un internista, un neurólogo y un urólogo, ya que presenta una infección en las vías urinarias, pero aún no se determina por qué la paciente sigue tan mal.
Falta más estudios, un electromiograma que le mandaron a hacer, pero que no tienen en ninguna clínica del ISSSTE, por lo que deben costearlo sus familiares y oscila entre los 4 y 5 mil pesos, dinero que no tienen.
Necesita por un lado dinero en efectivo para que se le realicen los estudios pertinentes, al mismo tiempo, debido a su incapacidad, debe recibir cuidados las 24 horas y sus familiares que tienen que trabajar apenas pueden turnarse, por lo que también se necesitan voluntarios para cuidarla en ambos turnos o el dinero suficiente para pagar a alguien que esté al pendiente de ella. También se necesita una silla de ruedas para cuando sea dada de alta.
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