La falta de espacios para estacionarse en el corazón de Tuxtla es notoria. Preocupante. La remodelación con la obra “¡Qué Viva el Centro!” acabó de matarlo en este rubro.
Abimael está molesto. A pesar del clima agradable en la capital chiapaneca se ve enojado. Es que lleva más de 15 minutos dando vueltas y vueltas en busca de espacio para estacionarse.
Los estacionamientos públicos están saturados. En los escasos parquímetros tampoco hay lugar. Y él, como la mayoría, no quiere dejar muy lejos su auto. Primero porque teme que se lo roben. Segundo, por no caminar mucho.
Y como Abimael cientos de capitalinos sufren la falta de espacios para dejar sus autos cerca de su trabajo. Por ello, es común ver coches sobre la acera, frente a cocheras, tapando rampas para discapacitados y en sitios prohibidos con franjas rojas.
Los pocos espacios “libres” son acaparados por los “dueños” de la calle que apartan lugares con objetos frente a sus negocios, casas u oficinas.
Abimael, desesperado por dar vueltas inciertas, nota que hay un espacio pequeño sobre la 1ª Norte. Un disco de “No estacionarse” lo limita, pero maniobra y por fin deja su coche, un Sentra gris, placas 667-TZZ del Distrito Federal.
Y pegado al coche de Abimael, aunque con raya roja y con restricción porque el dueño del comercio de enfrente pagó el permiso para apartar su lugar, llega otro auto.
Una camioneta Suzuki color plomo, placas DSC-6604. Y el disco restrictivo de “no estacionarse” de plano queda prensado entre ambas unidades. Entrar fue un calvario. Salir, será una odisea.
Es el diario vivir por la falta de estacionamientos en una ciudad capital cuyo parque vehicular aumenta día a día.












