La noche fue muy silenciosa en la capital chiapaneca. Los colonos de Arroyo Grande y Los Olivos casi no pudieron dormir. Temían ser víctimas de la delincuencia. Pensaban en cómo estaría “El Regalo”, el perro que cuida sus calles, sus autos y sus casas desde hace dos años cuando llegó para quedarse. Un energúmeno lo macheteó sin razón alguna. Parece que lo odia por su audacia al evitar varios robos en la zona.
Los vecinos sufren la ausencia de “El Regalo”. El noble perro extraña su libertad y el contacto con la gente noble que lo adoptó.
El can se duele de la pierna izquierda. No entiende por qué lo hirieron. Sólo cumplía con su deber.
Fue hace casi dos años cuando a la casa de Javier “N”, en la calla Aceituna de la colonia Arroyo Grande, llegó un perro extraño.
Con su mirada tierna se ganó el corazón del hombre de la tercera edad. Le dieron comida. Y se quedó. Lo bautizaron como “Regalado”.
La mascota correspondió con creces el gesto noble del hombre. Cuidaba la casa a sol, sombra y lluvia.
Pero el noble perro tenía corazón y energía para vigilar otras casas. Por las noches, hacía sus rondines en la calle Aceituna, así como en Mangos y Fresas del fraccionamiento Los Olivos.
Los vecinos rebautizaron al perro como “Regalo”. No sabían de quién era ni de dónde vino. Supusieron que llegó como enviado del cielo. Es que literalmente era el ángel guardián de las casas, autos y personas de las dos colonias.
Por eso todos se unieron al saber de su lesión. Por eso todos le declararon la guerra al hombre que macheteó al “Regalo”. “Más le vale que no regrese, porque lo linchamos”, dicen.
“El Regalo” recorría la calle Los Mangos, en Los Olivos, cuando comenzó a ladrarle a un hombre desconocido.
El extraño individuo portaba un machete. Dicen que andaba buscando trabajo para podar árboles. Ahora saben que al parecer era un ladrón que andaba estudiando la zona y ver qué casas allanar.
Irritado por los insistentes ladridos del perro fiel, el falso podador le asestó un machetazo. Lo iba a rematar cuando apareció Aydé, la enfermera. La mujer gritó para pedir auxilio a los vecinos.
El hombre huyó al ver la solidaridad de la gente y el cariño que le tienen al perro.
La enfermera lavó la honda herida de la mascota pública. Pero necesitaba costura. Entonces José Luis Montes de Oca, emulando al niño héroe que tuvo su mismo apellido, ofreció amablemente su carro para llevar al “Regalo” al médico veterinario.
Todos cooperaron con lo que pudieron, para el tratamiento, medicina, alimento especial y cuidado que Thalía le daría durante ocho días al noble perro.
El corazón y los bolsillo se abrieron para apoyar al perro, porque a la mente de todos vino al menos una ocasión en que el “Regalo” les fue de utilidad.
José Luis, el abarrotero, recordó que hace días, una noche dejó su carro abierto. El “Regalo” estuvo ladrando insistentemente para que el tendero saliera. Y como no salió se quedó cuidando el coche que tenía el auto estéreo puesto.
Aydé recordó que antes de la llegada del “Regalo”, su casa era visitada casi a diario por los facinerosos. Ahora, el noble perro los ahuyenta con sus potentes ladridos.
Otros recordaron que al regresar de su trabajo, este noble perro los recibía moviendo la cola y celebrando su regreso.
Por eso los vecinos sufren la ausencia de “El Regalo”. Por su parte el noble perro extraña su libertad y el contacto con la gente noble que lo adoptó.
El único que goza con la ausencia de el “Regalo”, es un gato que antes se la pasaba encerrado por miedo al perro.
Los ladrones, aunque no oyen los ladridos del temible vigilante, saben de la solidaridad de la gente, y lo piensan dos veces para llegar.












