Una joven fue arrastrada mar adentro por el fuerte oleaje en Tachinaste, Boca del Cielo; la dieron por desaparecida. Luchó por más de 10 horas pero por fortuna logró llegar a tierra firme y se reunió con sus familiares.
Fernanda López Becerril (16 años) y otras personas que integran su familia, procedentes de la Ciudad de México, llegaron al municipio de Tonalá y luego se trasladaron a la playa.
Las condiciones climatológicas mantenían fuertes oleajes debido a la tormenta tropical Cristóbal que azotaba el sureste del país, aun así la familia desafió a la naturaleza con la complicidad de las autoridades municipales.
Fue durante la tarde-noche del miércoles cuando la joven se aventuró a ingresar a nadar, pero el destino le tenía preparado un hecho que marcaría su vida para siempre.
El fuerte oleaje provocó que la arrastrara a alta mar, sin que sus seres queridos pudieran hacer algo al respecto, desde ese momento los vacacionistas buscaron el apoyo con los lugareños.
Debido al mal tiempo, las embarcaciones estaban cerradas a la navegación, pues por salvar una vida se ponía en riesgo otras. El hecho fue dado a conocer a las autoridades.
Personal de Protección Civil de inmediato comenzó a recorrer la playa en las penumbras, llegó la medianoche y los resultados eran negativos, a pesar de que utilizaron todos los recursos a su disposición.
Debido a la mayoría de los casos de personas desaparecidas que han sido arrastradas por el mar en condiciones climatológicas normales, los resultados a esperar eran fatales, sumado a la tormenta tropical, lo cual hacía el panorama desolador.
Cerca del mediodía del jueves, la menor llegó caminando a la localidad Ignacio Allende, municipio de Tonalá, donde pidió ayuda para reunirse con sus familiares, explicando la travesía vivida.
En minutos llegaron autoridades municipales encabezadas por Protección Civil, que valoraron a la chica y la trasladaron al hospital Juan C. Corzo en la cabecera municipal de Tonalá, para recibir atención médica.
Ahí narró que durante toda la noche se mantuvo a flote y era revolcada por el fuerte oleaje de un lado a otro, además de ser azotada por la tormenta, pero siempre mantuvo la esperanza de sobrevivir y reunirse con su familia.
Fue al amanecer cuando una enorme ola la llevó hasta la playa; cansada, caminó varios kilómetros hasta llegar a la localidad Ignacio Allende.
Su familia aprendió una lección: a la naturaleza se le debe tener respeto y el mar le devolvió a la pequeña Fernanda.












