¿Se imagina una ciudad sin semáforos, sin señales de tránsito, sin pasos peatonales? La labor del agente Franklin es la organización vial. Aquí presentamos su historia.
La gente camina con prisa, de aquí para allá por las calles de la capital chiapaneca. Pisan los pasos peatonales, miran los semáforos, pero de manera rutinaria, mecánica, sin dimensionar su valía.
Pocos valoran lo importante que son las señales de tránsito, los semáforos, la señalética. Se dan por hecho, como la respiración, el palpitar del corazón.
Trabajo
Miles de peatones pisan los pasos peatonales, también los autos. Nadie sabe que cada raya debe ser horizontal, de una medida exacta: 2.40 metros de largo por 30 centímetros de ancho.
Y no se colocan por casualidad. Todo es mediante un previo análisis de la necesidad que haya: Eso es ingeniería vial. “Se observa cuánta gente pasa y cuántos autos, si transitan muchos vehículos se instala un paso peatonal”, explica Franklin.
Parados en una esquina, cerca de la Presidencia Municipal de Chiapa de Corzo, el agente de Tránsito del Estado y un equipo de compañeros pinta pasos peatonales y rampas para discapacitados.
Luego pintan de amarillo las guarniciones, así como las paradas de colectivos.
Un día de trabajo para el departamento de Ingeniería Vial es desgastante. Además de lo ya mencionado, deben reparar los semáforos.
“Va desde lo más sencillo como un cambio de focos hasta lo más caro: el cambio de relevadores y tarjetas difíciles de conseguir en el estado. Hay semáforos que no llevan focos sino leds.
Franklin se endereza luego de pintar, suspira. Evoca el pasado. Recuerda su ingreso a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, en 1995, como policía auxiliar. A Tránsito del Estado ingresó en abril de 2013.
“Tengo experiencia de siete años en educación vial. Estoy lleno de orgullo por mi trabajo, saber que sirvo a mi familia a la sociedad para tener seguridad y cultura vial, dice.












